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DE UN ISIDRO REZAGADO (EPÍSTOl. A) (Querido primo Eamón: Ahí va la continuación de las impresiones mias. Sabrás como hace tres días he visto una Exposición. Despu (5 s de ir á varias pnrtes, me llegué al Retiro el martes; topé alli con un cartel, y vi que decía en él: Circulo de lidias Artes. Atravesé una pradera, y cuando llegué al final, subí por una escalera á una especie de pecera de tamaño colosal. lo que me hizo más tilín fué un gato muy chiquitín con los pelítos de punta. Y cuando á marcharme iba, quedé hecho un bobalicón ¿ante quién dirás, Kamón? ¡Ante una niñera viva que andaba por el salónl ¡Qué ojos tenía! ¡Y qué pelo! Por cierto que quiso el cielo darla un susto soberano: se le escapó el pequéñuelo que llevaba de la mano; fué á cogerle, resbaló y boca abajo c: iyó. 1 En qué exposición la vi I Y qué círculo enseñó de bellas artes allí! Penetré en la Exposición. ¿Sabes lo que es? Un salón, ni redondo ni cuadrado, que está de estampas forrado y en medio tiene un pilón. Menos mal, que estando allí un amigo á quien me uní (que habla bien cuando se pone) me sirvió de hiberone, como dicen por aquí. Al fin y al cabo es pintor, y le estimé aquel favor. ¿Sabes quién era? Juan Lanas, el que pintó las ventanas de casa del herrador. Allí vi flores divinas pintadas por damiselas, y episodios de novelas, y retratos y marinas, ó, mejor dicho, agriarelas. Allí di vueltas sin fin. Entre tanta estampa junta, Conque no te digo más. Si repleto de oro estás, ven á ver la Exposición. Tráete cuartos, y dispon de tu primo Nicolás. yi Por la copla, JtJAN PÉEEZ ZÚÑIGA.