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382 La opinión que formamos de una obra de arte en el estudio de un artista, rara vez se confirma en la Exposición, y es porque cambia de una manera total al esponerse en distinto medio ambiente, siendo el primero de los, sorprendidos con la mudanza operada el propio artista, que no acierta á explicarse cómo lo que en su estudio le hacía justo, luminoso y con un perfecto dibujo, en la Exposición resulta falso, negro y desencajado. Los maestros extranjeros, aun conservando su propia personalidad á través del tiempo, siéntense influidos por las sucesivas evoluciones del concepto estético, no en lo que éste tiene de permanente é inmutable, sino en lo que tiene de mudable y transitorio, y por eso, lejos de figurar en la retaguardia de la falange de artistas de sus países respectivos, están siempre en la vanguardia, sosteniendo con sus propias manos la bandera de combate que conduce á la victoria. Nuestros maestros, al contrario, ajenos á las mudanzas progresivas del concepto estético, que cada dia se depura más, aléjanse de las Exposiciones ante el miedo de una derrota probable, y abandonan el campo á la gente joven, que, sin las enseñanzas que recogen en el estudio de los lienzos de los maestros, nos muestran un arte huérfano de maduras reflexiones y exuberante de atrevimientos sin disculpa. Aquellos de nuestros maestros que han apelado á la fuga como medio salvador de sus prestigios, deben hacer detenido examen de conciencia, sobre la responsabilidad que en justicia les cabe, por las consecuencias que se desprenden de semejante proceder, y por eso, más atentos que á ocuparse de su particular conveniencia, deben mostrarse más cuidadosos en el enaltecimiento del prestigio del arte nacional contemporáneo. La vida moderna ya no tolera instituciones que sólo viven del pasado, y si la Monarquía, la Iglesia y la nobleza han tenido que modernizarse para transigir con nuestra época, adaptándose á las necesidades que los tiempos presentes han impuesto, no es bien que esos maestros se sustraigan á estas leyes inapelables, para aislarse en una soledad que mata, lejos del mundo que les rodea. Esta ausencia de una gran parte de los artistas que aquí tenemos como maestros- -pues haciendo el honor que se merece á la ilustre personalidad de Alejandro Ferrant, no he de contarle como presente en la Exposición del Círculo de Bellas Artes, al juzgar pobre y mezquina una representación que no responde á la justa fama que goza el renombrado artista, -es la nota característica, no sólo de la Exposición que el Círculo de Bellas Artes ha organizado en el Palacio de Cristal del Eetiro, sino de todas las Exposiciones que se vienen sucediendo en nuestra patria. Excepto Aranda, Madrazo, Sala y SoroUa, todos los demás ISABELITA Y THOE -JOAQUÍN SOBOLLA brillan por su ausencia, y aunque esta ausencia iro tendría propiamente capital importancia en este caso, sí la tiene, y mucha, en la ocasión presente, por ser la confirmación de una costumbre rara vez interrumpida. Dejando á un lado el ilustre nombre de Aranda, porque éste, en rigor, nada ha hecho exclusivamente dedicado á la Exposición del Circulo, por más que el cuadrito que titula Za buena vida, representando un clérigo de misa y olla cómodamente arrellanado en sillón frailuno, sea digno de su fama, empeceráos nuestro rapidísimo examen por el de las obras de Madrazo, Sala y Sorolla, ocupándonos primeramente de éste, por creer, en mi humilde opinión, ser el que está á mayor altura. Tres retratos, notabilísimos los tres por la distinta expresión y factui- a que en ellos campea, y dos euadritos de género, también diametralmente opuestos, no sólo por los á, suutos desarrollados, sino como procedimientos de ejecución, pregonan bien á las claras el indiscutible talento de este artista notabilísimo, recientemente ensalzado en el grado que se merece, tanto por los críticos franceses, como por el Jurado del Salón de los Campos Elíseos, donde tiene expuesto un admirable cuadro de costumbres valencianas. Sorolla es de los artistas que saben abdicar de su manera acostumbrada, para amoldarse á la exigencia particular de cada asunto, creando un modo especial de interpretar el natural en cada easo, cuya interpretación es además la justa y apropiada á la naturaleza del motivo escogido. -Como ya todos los críticos de arte se han ocupado más ó menos extensamente de la Exposición del Circulo, y todos, MAEINA.