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PROMESAS VANAS De bruces en los alambres de lina bandera de sombra, el sombrero en una mano y un grueso palo en la otra, n viejo de cuyos años perdió la cuenta la historia, sin que en trueque haya perdido él una corrida sola, Aprovechando el arrastre de cuatro ó cinco carroñas que en la del postrer domingo el quinto mandó á la fosa, Tras de secar de su frente del sudor las gruesas gotas, volviéndose hacia nosotros así gruñó con voz ronca: Que aquí la afición concluye el decirlo está de sobra. Esto, más que lidiar toros, es ya pura jerigonza. Yo me aguanto hasta que vea que. la coleta se corta el solo que ha reanimado del arte las muertas glorias. Pero en cuanto aquel coloso deje por siempre la ropa y á dormir sobre sus lauros se vaya tranquilo á Córdoba, Por no pudrirme la sangre viendo que millones cobran los que en realidad no ganan ni tres pesetas roñosas, Abandono esta barrera aún con el sabor de boca de sus pares magistrales, de sus largas prodigiosas; Y tan de verdad renuncio de la afición á las pompas, que les digo que me emplumen como me cojan en otra Dijo el viejo; los clarines con sus estridentes notas ahogaron en su garganta el raudal de su oratoria, éili c Y mientras él se sentaba, otro aficionado momia que sus razones oía con sonrisa desdeñosa. Murmuró: Yo, por mi paría, no hago caso de esas cosas. CincTienta años há que llevo oyendo la misma historia. Montes, Redondo, Frascuelo, y cien de que hago memoria, ese mismo juramento arrancaron á su boca. Y si, lo que ya no es fácil, muchos años se prolonga esta vida que á su ocaso con sobrada prisa toca. Aún espero que he de oirle decir, y no una vez sola: Ya no vuelvo á más corridas. Y no vuelve hasta la otra. AíraEL R. C H A V E S