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371 no me imitan; yo acato el quinto mandamiento: ¿Usted fué á la corrida de Zaragoza? se pre No matarás (y ya se sabe que no hay quinto preguntan mutuamente. malo) pero ellos dejan de cumplir el décimo: ¡Ya lo creo! No codiciarás los bienes ajenos. ¿Y á la de Bilbao? El Califa está abrumado de peticiones. ¡No faltaba otra cosa! El que menos, le pide un par de zapatillas. ¿De modo que piensa usted ir á las cinco? Y no hay remedio. -Hombre si no voy á las cinco, iré un O les da el quiebro, ó les pone el par. poco más tarde; pero iré. -Maestro, le dice una comisión de Albacete; Y van, pagando caro el billete, porque las Comnosotros quisiéramos que nos dejase usted algún recuerdo, ya que no se despide usted de nuestra plaza. ¡Imposible! No me han dejado más que lo puesto. -Podía usted quitarse la chaqueta; ahora hace calor. -Pero, señores... ¿Tampoco le qiieda á usted ropa blanca? Tampoco; la última lista de la lavandera la tengo ya llena de firmas. ¡PorDios, maestro! ¡Ni siquiera un estoque. ¡Como no les dé la puntilla! pañías se han olvidado de poner trenes baratos para la tournée. Hay viajes que ilustran; pero este viaje al rededor del mundo taurómaco no produce en los entusiastas más que horrible cansancio, y allí en el cerebro ciertos ruidos, mezcla del pesado traqueteo del tren y de las palmadas y alaridos de la plaza. De donde se deduce que es mejor viajar como touriste que como taufista. AlgTino de éstos, no acostumbrado á tan inusitado y continuo viajar, se queda dormido al tercer toro en el asiento de barrera de sombra. ¿Dónde estoy? pregunta al despertarse. -En la plaza de toros de Barcelona. -Ustedes perdonen; me he dormido. -Sí señor, se ha dormido usted en la suerte; pero eso no importa. Cuando termine la tournéej habrá tiempo para descansar de tales fatigas. Entre tanto, hay que aprovechar la ocasión. Que ahora no la pintan calva. Sino con coleta. LUIS E O Y O VILLAIÍOVA. Ni los ardores del sol ni los precios de contaduría detienien á los admiradores del diestro en su marcha gloriosa á través de los tiempos que corren, agitando en la diestra mano, ora el billete del ferrocarril, ora la barrera de sombra, y saliendo de Heredes fondista para dar en Pilatos revendedor. De ahí que sean pocos los decididos á hacer el viaje redondo. La mayor parte se han quedado á limpiar sus- fondos en cualquiera de los puntos de escala.