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TOURNÉE LAGARTIJISTA -El 8 en Zaragoza, el 12 en Bilbao, el 21 en Barcelona, el 28 en Valencia, el dia del Corpus en Madrid- -sediceelperfectolagartijista, contando por los dedos; -hay que hacer á toda prisa el equipaje, aunque no la maleta, porque maleta y Lagartijo son palabras que no pueden unirse. Y diciendo y haciendo; se encasqueta el amplio cordobés, cuya periferia tiene, mal medidos, sus dos metros c i n c u e n t a de d e s arrollo. -N o hay que preguntar á dónde vas, le dicen sus amigos, rozándole el ala. ¿Dónde he de ir? ¡A la plaza! -Y a lo hemos conocido. ¿E n qué? -E n que le llevas la tapadera. Nada tan interesante como este viaje al rededor del mundo taurómaco. E l Califa lleva tras de sí, coaft) es natural, su corte de e m i r e s a l í e s rajahes y moros de rey. Únanse á estos admiradores nómadas los admiradores sedentarios de cada localidad, y se tendrá el público especial y sui (de Lagartijo) génerisj propio de las cinco corridas de despedida, que vienen á ser las cinco llagas de la afición taurómaca. No es, en efecto, el público de siempre, vario y abigarrado, del cual forma la mayor parte el elemento alborotador y popular, sino un público de inteligentes y devotos, contemplando, telescopio en mano, la última postura de un sol que voluntaria y definitivamente se eclipsa. ¿Quién será el astro nuevo? P o r ahora, ni el más lince vislumbra siquiera asomos ni celajes de aurora. Rafael I abdica sin dejar descendencia masculina que le reemplace con arreglo á la ley Sálica, n i mucho menos sucesores femeninos que se encasqueten la real montera, apoyados en la P r a g mática Sanción. Lagartijo se vuelve á Córdoba, desnudándose para siempre de áureas taleguillas, purpúreos cabos y magníficos capotes de paseo. De hoy más, el califato de Córdoba será, como el de los Abderrahmanes, un califato independiente de Damasco. No se trata de una deserción, y si lo es, no es una deserción con armas y bagajes. P o r el contrario, las prendas de vestir, como los avíos de matar del famoso diestro, quedarán enredados entre las zarzas y los admiradores del camino. Éste se queda con un terno, aquél con un ambo (muleta y estoque) ese otro guarda un par de medias agujereadas, como indicando que el toreo se va por puntos; al de más allá le marcan la sa- lida con u n capote, y hay muchos que dudan antes de llevarse una camisola ó u n par de calzoncillos, para que no digan que les dejan en blanco. -Me siguen, podría exclamar el diestro, pero