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LA SEGOVIANA iSalamanca estudiantes, Madrid carrozas, Avila caballeros, Segovia mozas. (Canción popular. Polidas y de gustoso ver, asaz alegres en concierto de honestidad, eran las de antaño, y las do hogaño no les van en zaga, siquiera ya no vistan á modo do princesas ni anden en zambras y respingos como las pelaires de la tunda y de la carda. De cierto que ya. no hay diferencias de haldas porque sean unas bordadas de oro y otras apimtadas de picos pardos; ni hoy las pastoras cantan y danzan la salve de los esquiladores; ni las labradoras cofrades de Santa Águeda inquietan de envidia á las hidalgas; ni las pañeras ciimplcn, contra las rctuza (loras y bullangueras, el grave reflán segoviano do que el buen paño en el arca se vende Mas si no en uso y en traje, en hermosura de cuerpo y buena condición de ánimo, la segoviana de hoy es, como fue la de otro tiempo, cuando moza, honesta y risueña; cuando casada, de mucho recato y amorosa; viuda, resignada y prudente, y en todo estado muy hacendosa, y siendo mejor ventura para los suyos que diversión ó deleite de los extraños, y antes atenta que parlera, oportuna que sabidora, cristiana que beata; y si ella entiende que es bella, parece, por su humildad, que nunca se dio cata do ello, y asi mejor cautiva y enamora. ¿Habrá pan que mejor sepa que el pan que sus blancas manos amasaron, y que ella, como de madre, sacó con la luenga paleta de la hornada? ¿Qué lienzo más limpio y blanco que el que ella restregó sobre la roca en el arroyo, batiendo la moza- pala y cantando alejrre, al par que los jüguerillos de la alameda? Si son labores finas, borda á primor; y, en Gn, por la matanza ella embute y aliña, por la escarda vésela en los verdes camjios como peonía entre trigales, encendida como amapola, rubia como botón, de oro, y asi, en su bien conformado cuerpo parece que el cántaro, cuando ella va á la fuente, más lo lleva por donaire gala (lue no por deber y faena ¡Miren, no me hagan hablar de segovianas; como por elias tengo perdida el alma, porderíame yo con el discurso en placentera divagación, que no habría modo de hallarme sentido y término! Como piñoncillos frescos son sus dientes de blancos; tientan á embriagarse sus labios; pie y mano pequeños, pero muy de acuerd. o para hacer todas las gracias y travesuras del movimiento; perfectas las partes de su cuerpo, y su alma buen espejo tiene en su cara, que cuando la modestia la hace bajar los ojos, tan blandamente los entorna como con suavidad se juntan las hojitas que cierran un capullo, y luego, cuando abre sus ojos y desplega su risa, el mismo sol no alegra tanto. Ai m suele dejarse ver alguna vestida á la- antigu. a usanza, con ei amarillo ó grana de sus sayas avelludada? sus roscas de corales, jubón suelto de abalorio y lentejuela, tocada la cabeza con la raonterilla de, los doce madroñuelos; y cuando suena la gaitilla y el tamboril, bailan con tal primor y gracia, como si dijeran lo que la canción antigua dice: Mírame bien, mírame bien la cara y ei cuerpo y la punta del pie. Aún se baila en el Azoguejo, famosa academia de ia picardía, refugio de buscones, plantío de bravos, verjelillo de las del partido, y miren que no voy mal en decirle palenque de mercaderes, areópago de las pujas ruñanescas, y, por fin, pie ó peana del Acueducto. Aún se repiten las danzas al pie del asombroso Acueducto, que es portento admirable durante muchos siglos, y que celebran los extranjei, os y naturales, asi como los ignorantes y los entendidos. ¡Con qué grandeza, y al propio tiempo con qué gracia se alzan los arcos inferiores, sustentando sobre ellos á otros, y eslabonados todos tan armónicamente, que en aquella similitud de las partes se goza de lo magnifico del conjunto, sintiéndose el ánimo en tranquila contemplación ante la sencilla majestad de una obra de colosos formada de peñascos yuxtapuestos, sin prendidos de hierro ó ligazón de argamasa, sino como hacen los niños sus torres de piedrecitas, temblando de verlas por un soplo desequilibrarse y caer. Siendo, como son, toscos los grises peñascos, el Acueducto se dibuja sobre el fondo del cielo con una delicadeza que maravilla; aquella obra titánica tiene la finura de un bordado; sus perfiles son de líneas puras y proporcionadas al juego con que se combinan; es una arquitectura tan linda como un calado; se tiende á considerable longitud y alcanza una altura monumental, para luego reducirse degradadamente, desde los arcos que pudieran servir como pórtico al palacio de un gigante, hasta los que valdrían para entrada en el escondrijo de un enano; y por entre los arcos y los postes se ven los contornos de la nevada sierra, el azul del cielo, y en las noches serenas, la negra y geométrica silueta sirve de marco á porciones del espacio, polvoreadas de brillantes estrellas JOSÉ Z A H O N E E O