Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LA MADRILEÑA La ha pintado Goya y la ha cantado D. Kamón de la Cruz; pocas reinas habrán tenido mejor pintor de cámara ni más insigne poeta de corte. Está hecha de contrastes, porque tiene pequeño el pie, breve el talle, no muy elevada la estatura, y grandes el corazón y el alma. Su gracia suj ra á su belleza, y más que hermosa como las espléndidas p l a n t a s tropicales, es bonita como l a s campanillas que se columpian e n t r e los hierros de las rejas á donde salen las muchachas á escuchar amores. Las madrileñas de las clases elevadas van perdiendo su fisonomía característica, p a r a adquirir el sello cosmopolita de la mujer jíjí Ae siqlo. No conozco nada más nivelador que el eré Coenr ó las Tfrsulinas; las que se educan en esos aristocráticos colegios dejan en, ellos ver rasgos distintivos, y sus almas se uniformizan como sus trajes; las que conservan las tradiciones y son fieles á su tipo son las que de chicas j uguetean en los corredores de las casas de vecindad y corren por el arroyo, y de mozas van al taller ó la fábrica, cogen la cesta para vender en el mercado, ó hacen su turno del cajón de la plazuela, en que jiarten ternera, despluman aves ó manejan la cuchilla y el peso. Bn l a s p a r r o quias de San Lorenzo y de San Cayetano, á la sombra de la iglesia de San Ildefonso y de las Maravillas, y escuchando el repiqueteo de las campanas de San Antón, es donde vive la flor y nata de la madri W leñería, las devotas de la Virgen de la Paloma y de San Antonio, las que por hacer una obra de caridad se quitan el pan de la boca, y las que por el hombre á quien quieren dan hasta la camisa que llevan puesta. Son tan largas de lengua como ligeras de manos, y lo mismo dicen una fresca al lucero del alba, que santiguan de una liofetá al que las falte. Por las buenas se hace de ellas lo quese quiera; por las malas se las convierte én fieras, que es muy difícil dominar; en los motines son ellas las que excitan y animan á los hombres, y la cualidad que sobre todas prefieren en el varón es la valentía. Generosas y desprendidas, no tienen nada suyo; se matan trabajando, pero como no conocen la virtud del ahorro, están siempre en las garras de los vendedores que las explotan. Su anhelo es tener una casita bien arreglada, con su cómoda reluciente, su espejo de marco dorado y su estampa de la Virgen de la Paloma. Cuando en los cajones de la cómoda puede guardar un mantón alfombrado, un pañuelo de Manila y un vestido de merino, se considera feliz, y no hay quien la iguale si puede oól pletar esta gala con unas arracadas de diamantes rosa ó con uiifts broquelillos de aljófar; pero á la menor necesidad ó al laenoí capricho salen de la cómoda pañuelos y alhajas para ir á la sa de préstamos á convertirse en dinero, para asistir én la cárcel á BU hombre, privado de la libertad por un mal querer, ó para gastarse alegremente en una merienda en el Vivero ó en una convidada, en el caíé de cante flamenco. No la arredra el trabajo; pero que no la quiten de celebrar sus fiestas, de ir á la pradera el día de San Isi- dro, á lia orilla del rio cuando se celebra la fiesta del santo de las azucenas y de los novios, á las Ventas (guando bien la parece, y á comerse un asado y unos bartolillos en casa de Botín cuando sale con una comadre á misa de parida, 6 cuando vuelve de acompañar á una amiga á la Vicaría. El viernes Santo por la mañana ya se sabe dónde encontrarla, en la Cara de Dios, y no se volverá á casa sin llevar una imagen de la Santa Fax, e n c e r r a d a en su marquito de plomo, para unirle á laque ya conserva con los pitos del Santo, como recuerdo de dichas y tanteos de amores. En sus odios es implacable, y tiene. enemigos con los que no t r a n s i g e descollando e í i t r e ellos el alguacil y el casero. En general, es refractaria al principio de autoridad y poco cuidadosa de ajustar sus actos á una escrupulosa l e g a l i dad, y de aquí nace su odio á los agen tes de los Poderes constituidos; en su lenguaje pintoresco hay siempre calificativos denigrantes para los alguaciles, á los que ha llamado guindillas unas veces, verderones otras, y vagos siempre. El Modelo, esto es, la cárcel, no le asusta, y mejor quiere dormir en ella que perder lo qué considera su derecho. Su imprevisión la suele llevar de enferma al hospital y de anciana á las Incurables; pero, como ella dice: es su sino, y no se puede remediar lo que está en la masa de la sangre. Alegre como el sol de los espléndidos días del invierno madrileño, que anima las Vistillas, los merenderos y las Ventas; gallarda como los manojos de lilas de la Casa de Campo; áspera j dulce al mismo tiempo, como el vino pardillo; tal como es, hay que quererla, batiendo á su paso marchas de Barbieri y recitando en su honor versos de Serra: porque la madrileña lleva en su esencia mucho del carácter nacional, de la que ha hecho colgar en el templo de Atocha banderas ganadas al enemigo, y levantar monumentos como el del Dos de Mayo. KASABAL.