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í f f lo escribiese el Presidente con el dedo sobre el polvo de los pupitres. Y aun que lo escribiese con el dedo corazón, encogiendo los otros prudentemente. Los obstruceionis Todayía dura en el ánimo de los diputados y del pú- tas. deseaban- que Ja. blico ea general la impresión pausada por la sesión per- sesión llegase á durar, manente del Congreso. cien, horas, pero se Hay; padres de la patria que se metieron entre sábanas acabó; la cuerda á las el, viernes después de la sesión, j han. ordenado que. no cincuenta, y cuatro. Sin embargo, -justo se les Uanie hasta el día del juicio, que por desgracia está es confesar qúe, la esión se acercaba a deseado número muy lejano p ra el, Parlainento español. Sólo. cuando oyen el timbre de la puerta se despiertan 100 con una velocidad harto lamentable. Sólo con que los republicanos hubieran podido, explasobresaltados, dicen no con toda la fuerza de sus pulmonar todas las enmiendas que llevaban preparadas contra nes, y caen del otro lado rendidos por el sueño. Esos frecuentes- monosílabos, han llegado- á inspirar el proyecto de ley, la sesión hubiera celebrado, su cente- creciente alarma en las familias, que consultan con un nario siii levantarse. -Pero hubo enmiendas a. bortádas. alieaisfa, por si acaso. ¿Cómo, no ha hablado usted? -preguntábanlos, á un- -No tengan ustedes cuidado; -dice el médico; -este caballero no ha perdido el seso, como ustedes suponen diputado de los de cascara amarga. -Bastante lo he sentido- -replicaba, -yo me traja emgalantepaente. Es que recuerda entre sueños las escenas habidas en el Congreso, de- los Diputados estos días, atrás. botellada mi enmienda correspondiente, pero me quedé En los instantes de modorra confunde la campanilla de con el propósito en el cuerpo la puerta de la calle con los despertadores del Congreso. -Vaya, pues que sea enhorabuena. Por eso se incorpora, vota y vuelve á dormirse, como- ¿Por qué? hacía en la Cámara de Diputados. -Porque, indudablemente, es usted el único diputaido- T- La verdad es que han abusado de los pobres. Tres que ha salido de allí con el propósito de la enmienda. Cuando en el buffet del Congreso se servía el último días seguidos de sesión; ¡si éso parece un sueño! -Eso es, señora; no le parece á usted más que la chocolate, se repartía en la calle de Sevilla el primer mojicón. verdad. Era de noche; los grupos obstruían la calle, y ya es saCuentan y no acaban de la sesión famosa. bido que el obstruccionismo no se puede emplear en la vía El Congreso ha quedado hecho una miseria. pública tan fácilmente como dentro del Congreso. Nunca como ahora ha podido decirse aquel refrán: Entre los gritos subversivos y las bofetadas legales, Unos por otros, la casa sin barrer. Así como los republicanos piensan acuñar medallas la suerte se decidió por las segundas. Lo mismo republicanos que monárquicos opinaban con- memo- rativas del triduo parlamentario, hubo diputados de la mayoría que propusieron, como eterno tes- que era preciso acuñar algo para memoria de la gran timonio de gloria, que el decreto aplazando las elecciones sesión. La sesión de marras. -Los despertadores del Congreso. Unos por otros, la casa sin barrer. Las enmiendas de propósito y el propósito de lá enmienda. El último chocolate y él primer mojicón. Bofetadas conmemorativaá. -Se acuesta la sesión, r Los nuevos presupuestos. Coclies de lujo, naipes, descuento, pólvora y otros gravados alusivos al texto I