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LAS MUJERES DE MADRID II IiH PH 5 H Hay en este mundo muchas morenas guapas, airosas, gallardas, encantadoras, pero dificulto que haya ninguna superior á la Paca. Ahora la pobre ya no es sombra de lo que fué, pero todavía es una mujer hermosa. k. Hija de una señora que al año de morir su marido se. casó con un comandante de artillería y tuvo de éste otros hijos, se quedó, cuando aquélla murió, sin otros bienes que su hermosura, y ¿qué había de hacer? Casarse con el primero que la quiso con buen íin, un andaluz muy zaragatero, que había derrochado una fortuna y tenía una voz de bajo bastante buena. Esto le valió para ser admitido como corista en el teatro Real, donde ganaba sus cuatro pesetas, que malgastaba alegremente con lo que siempre estaba tronado y perseguido por los ingleses. La Paca puso orden en la administración de las cuatro pesetas, y el corista pareció otro hombre, y perdió la costumbre de la juerga y de la trampa, gracias todo al buen sentido y excelentes consejos de su mujer. -Mi Paca es una alhaja- -decía á los compañeros. -Yo era antes un perdido, y ahora soy una persona decente; como bien, bebo bien, visto bien, fumo, tomo café y todo, con cuatro pesetas, que en manos de mi mujer parecen doce ó catorce. El corista, que había aprendido muchos papeles de diversas óperas, sentía vivos deseos de ser escriturado