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FOTOGRAFÍAS INTIMAS DON MANUEL DEL PALACIO f L prosaísmo de nuestros modernos tiempos por una parte, y por otra el ejemplo de los escritores franceses, que ejercen su profesión con la regularidad y método de cualquier industrial, han hecho desaparecer totalmente entre nosotros la bohemia literaria. Años atrás, el novelista y el poeta no concebían la inspiración sino despertada por el coñac ante la mesa de un café y entre el humo de los cigarros, no recibiendo á veces otro emolumento por su prosa ó sus versos que la humilde cena con que les obsequiaba el dueño del establecimiento ó cualquiera de lus Mecenas más ó menos auténticos que pululaban en torno á los impetuosos vates. Hoy, el que vive y del periódico ó del libro, tiene sus horas de trabajo, dispone con buen orden de su numen en lugar de ser su siervo, Tjy cohra sus artículos ó sus estrofas como un sastre el traje que entrega, se afeita y se cepilla, y no se diferencia en nada WxS del honradísimo vecino de al lado, comerciante ú oficinista que jamás ha saludado las artes bellas. ¿Quién está en lo cierto? ¿La bohemia ó la burguesía? La bohemia es la imposición de la juventud al dolor, el hundimiento voluntario de la mente en una borrachera de perpetua locura que haga olvidar que no hay rosas sin espinas, el atropello de todas las conveniencias sociales ante las arrogancias de un espíritu que se contempla sobre el nivel de los demás La bohemia son las ilusiones, la felicidad los sueños de oro Perfectamente. Pero, salvo algún caso en que degenere en cinismo y barraganía, la bohemia se extingue cuando los años cubren de nieve la cabeza y la edad trueca en reposados, reflexivos y metódicos, los que en la radiante adolescencia tuvieion por cerebro una botella de Champagne El escepticismo, la sensualidad, la lujuria, todo ha muerto Byrou ha venido á parar en un bendito. ííuestra bohemia literaria ha sido abundante y fecunda en ingenios; algunas de las grandes figuras que luego han escalado el pináculo de la fama por derecho propio, salieron de aquella juventud maleante y melenuda, tan rica en corazón como exhausta de bolsillo, que comenzó á escribir en pleno romanticismo sentimental. Muchos han muerto; otros, los menos, viven dichosamente todavía... Entre éstos se cuenta el vate ilustre que motiva las presentes h neas Procede de la vieja guardia. En las páginas de la bohemia literaria consta el nombre de mi gran amigo estampado en letras de oro. Durante muchos años fué una de sus más firmes columnas. Empezó á sonaren Granada, en una memorable asociación de gente moza, resuelta y audaz, dispuesta siempre á correr una broma y á llevarla hasta sus últimas consecuencias, inclusive la de dar una estocada ó recibir un tiro; pero en la que se exigían como condición inexcusable talento y gracia. En La Cuerda que tal se apellidaba la regocijada y. andariega sociedad, sentó plaza de escritor y poeta el facilísimo vate. Trasladado después á Madrid, que yo sepa, sin otro peculio que su gallarda pluma, continuó su vida nómada y alegre, soltando á destajo versos y artículos, vistiendo siempre de verano sin distinción de estaciones, mezclándose en política y soltando de tal suerte la espita á la musa cómica, que sus sátiras obligáronle á marchar al destierro. Entonces, mientras persistió en semejante existencia de combate, se denominó á secas Manolo Palacio. Luego cumplióse la evolución fatal del tiempo, y le llegó la etapa de la mesura con las canas primeras; echó abdomen, soñó con las botas de charol, y sentada su cabeza, según la frase del vulgo, empezó á cosechar los frutos propios de lo mucho bueno que en ella encerraba, ing e ando en la carrera diplomática por artes diabólicas, sin duda porque sólo al diablo puede ocurrírsele transformar en un prosaico cónsul al romántico símbolo del vértigo. Hoy tiene el insigue versificador, una finca, la cabellera blanca, la gran cruz, y se llama el Exoino. Sr. D. Manuel del Palacio. Como todos los literatos que son funcionarios públicos, y lo son casi todos en España, Manuel del Palacio escribe casi siempre en la oficina. Sus intencionadas y hermosísimas chispas han brotado de su mente entre minuta y minuta. Lo cual no quiere decir que no posea en su casa uno de loS despachos más lindos que he visto. ISTo es muy grande: un pañuelo, diciéndolo con frase callejera, pero sí selecto de veras y de exquisito gusto. Desde luego se extraña algo en la mesa, y ese algo lo constituyen dos aditamentos adosados á ella, que forman un atril movible para leer con toda comodidad revistas y periódicos ilustrados, y contemplar albums de fotografías ó dibujos; combinados con la mesa estos dos cuerpos de madera torneada, resulta un mueble elegante y original. Sobre cada uno de ambos apéndices se yergue una figura italiana de Mefistófeles, de ese estilo ligero de las estatuitas, pero airosas y bellas. Los estantes de la librería, á la moderna, sin cristales y arrancando del suelo, no llegarán sino á la altura del pecho de una persona, con lo que es fácil y cómodo coger los volúmenes. Pocas sillas: no hay espacio. Por lo demás, nn museo en pequeño. Cuadritos de Jiménez Ararida, Madrazo, Palmaroli; apuntes de Plasencia, Lengo, Gessa, Valeriano Bécquer, Luis Jiménez, Peralta, Perea, Valles, Mattoni, Pradilla, Villegas; esculturas de Oms, Duque y Vallmitjana; joyas arqueológicas de Eoma y de Numancia, un Beato Angélico, un retrato de Byron, un autógrafo de los Eeyes Católicos refrendado por Hernando de Zafra, los arreos de plata usados en sus caballos por los gauchos ¡Qué sé yo qué más! Mil detalles de coleccionador, de anticuario, de artista de que no gozarán mucho los amigos. Manuel del Palacio ha edificado una quinta en uno de los lugares más hermosos de España: en la carretera de Marín á Pontevedra. Y si no ando equivocado, el despachito de su casa de Madrid está destinado á trasladarse al hotel gallego Lo cual me parece una traición, en la que se vislumbra la mano de la Empresa del ferrocarril para obligarle á uno á tomar el tren, JUAN LUIS LEÓN.