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830 Al retocarla mostraba más empeño en expresar sus ideales que en conseguir el parecido con aquel rostro de án el. Y por ver el efecto (aunque después le devolviera su primitivo estado) iba variando poco á poco la expresión y las formas. Los ojos de su novia no eran grandes, pero sí tan picarescos y expresivos, que parecían entornados para reírse maliciosamente, y esta manera les dio Julio; la dilató además la boca, resultando un gesto muy gracioso. Y así insensiblemente, y pensando que aquellas variaciones las transmitía á Laura, tanto varió el color á los contornos, que la infeliz se convirtió en un simple modelo de su cuadro. Al concluirle, Julio dio una entusiasta pincelada y tuvo ganas de decirle, igual que Miguel Ángel á su Moise s de piedra: ¡Vive y ama! Cuando Julio vio á Laura nuevamente, le sorprendió su propio engaño de crer que la amaba. Su amor, que, como todo lo intangible, necesitaba unirse á la materia como la llama necesita apegarse á un objeto, porque si no, se extingue, penetró en la figura que de continuo estaba viendo, y que, según él, indicaba una alma buena, inteligente, alegre. La chispa de fluido, que deslumhra, existe entre negrísimos carbones que han de estar inmediatos; ¿qué mucho que el amor se manifieste entre pupilas que se miran? Laura no quiso á otro hombre, porque no le atendía; pero Julio adoraba á laxmujer del cuadro, porque continuamente la miraba. Una vez más quedaba triunfante lo material sobre la idea. Y Laura contestaba á los que la decían que no podía tener celos: -Ya sé que es mi retrato la que adora. Por eso mismo me detesto. Lüís E U B I O A M O E D O