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LA RIVAL DE Sí MISMA Julio vino á Madrid para exponer un cuadro que representaba á Miguel Ángel cuando, acabado su Moisés de piedra, severo de semblante, radiante la frente, y llena de luz la mirada, pretendió darle vida á un golpe de martillo, diciéndole en su entusiasmo: ¡Habla! i El día en que la Exposición se inauguraba, todo Madrid estuvo en la apertura; cada autor rondaba su obra para envanecerse ó irritarse, según oyera elogios ó censuras, sin que las señoras, que pretenden que loda Exposición de cosas, Bellas artes, flores ó plantas, es un simbolismo imperfecto de la belleza femenina, y que en tal solemnidad llenan el recinto, consintiesen que se atendiera más que á ellas; asi es que los pintores pocos juicios oyeron dé sus obras. Y cuando Julio se impacientaba, vio á Laura contemplando con interés su cuadro, y se quedó prendado de su hermosura. Con ella tuvo relaciones, que sin inconvenientes transcurrieron hasta el día en que, cerrada la Exposición, se vio obligado Julio á volverse á París, donde vivía. Esta, fué la primera de las contrariedades que sufrieron, y que son al amor lo que las peñas á las olas, que hacen medir su fuerza y las levantan. Hasta entonces no había comprendido lo mucho que se amaban; al despedirse acumularon promesas y sollozos, y todavía Julio, al abrir una guía en el camino, halló una carta de su Laura. Te fuiste, le decía, y no me queda más que la tristeza de pensar en ti, alejado de mi lado. ¿Sientes el desconsuelo que yo siento? Tentado estuvo Julio de volverse á Madrid á contestarla, de palabra, y si en aquel momento hubiera pasado un tren lo hubiera hecho, de seguro; pero estaba escrito de otro modo, y hubo de limitarse á responderla: Aprovecho un momento de parada para darte otro adiós desde el caminG- Cuando yo vuelvo á Francia, abandono España con tristeza, porque si aquel es el país donde he conocido la luz, España es el país donde he conocido el amor. sEn el camino recibí tu carta: ¡qué triste, pero cuántas veces la he besado! sDurante la marcha te basqué muchas veces. Cuando dormido, he soñado contigo; cuando despierto, he dicho á Dios cuánto te adoro. sAdiós, Laura; líuestro amor será eterno. El corazón me lo promete. El retrato de Laura qué llevaba Julio no estaba concluido; pero los detalles que faltaban los pintaría de memoria, porque, después de todo, las bellezas del alma, que se traslucen en el rostro y le caracterizan, no se copian con el modelo enfrente; es preciso sentirlas, y se hacen dirigiendo el pincel con el pensamiento mejor que con la vista puesta en las formas retratadas. Pero acabado ó no, es lo cierto que Julio le quería como á perfecta representación de su adorada, y no hubiera atendido á un niño osado y consentido más que atendía al lienzo. Con la mirada le contaba Julio cuánto peiisaba y cuanto hacia; no escribía una carta para Laura que no se la ¡inspirase en el retrato; el cuadro más perfecto de su estudio iba danzando de su sitio si la luz ó el lugar le convenían; y en suma, le miraba como si fuese un hijo de su amor con Laura, que reflejase sus bellezas y su dicha. Asi se lo escribió á la pobre niña, gozosa de tal pasión, porque ignoraba que el amor de Julio, artista antes que nada, se iba reconcentrando en el retrato como la más perfecta de sus obras.