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822 mis oídos, por primera vez, el nombre del ilustre compositor. Un día, los compañeros de novillos, que todas las tardes asistíamos á la instrucción del tercer regimiento de artillería á pie, nos encontramos con una novedad: la banda, huérfana de dirección, tenía ya músico mayor: un jovenzuelo imberbe, que, apurando mucho, rayaría en los veinticuatro ó veinticinco años. Paso por paso seguimos los camaradas de colegio la obra reorganizadora del barbilampiño maestro, y al mes podía escucharse y verse la magnifica banda de la bomba en el cuello; era una orquesta. Entonces supe cómo se llamaba el que, con la varita mágica de su talento artístico, había realizado tamaña empresa: D. Ruperto Chapí. Acaso es una manía singular, pero yo concedo gran atención á los objetos familiares é íntimos de los grandes hombres; creo que la espada de un héroe, ó la pluma de un literato, tienen derecho á ser veneradas; dicho se está que la importancia de tales útiles sube de punto cuando se trata del piano de un compositor. Pensando en el que se hallara, si no concebida, interpretada por primera vez á lo menos, la partitura de La Bruja, en las teclas que tradujeron en sonidos, estremeciéndose de gozo, la bucólica canción de Tomillo y el onomatopéyico terceto de las zahoríes, llamé á la puerta del genial artista, pasé tarjeta y aguardé ¡Qué ocasión tan oportuna de contemplar á mis anchas el soñado instrumento! El gran compositor posee uno de los despachos más lujosos y elegantes que he visto, con dos balcones que se abren á la Carrera de SajA Jerónimo; la calle aristocrática reclamaba una estancia distinguida. Los muebles son de roble, estilo Renacimiento; las sillas, con clavos triangulares; los estantes de los libros, con afiligranada crestería; el sillón presidencial, de alto respaldo. Tapando las puertas caen recios cortinones de terciopelo rojo obscuro con bordados de seda negra. En los muros, varias coronas de laurel con grandes cintas, y multitud de cuadritos, de óleos, de acuarelas, de dibujos, y por todas partes, en veladores, sobre los armarios, donde haya un hueco en qué colocarse, infinidad de estatuillas, jarrones, barros cocidos, termómetros artísticos, objetos de mayólica, albums, bustos de bronce, cuanto pudiera desear el más espiritual de los cronistas parisienses para sus habitaciones de soltero. En la mesa de trabajo, un atril. Á un lado, mudo, con la tapa ocultando las teclas, el instrumento que los ojos anhelaban descubrir, con el que la mente loca ansiaba, en sus entusiasmos, celebrar una interview, como ahora se dice, preguntándole sus impresiones: el piano de La Bruja. La entrada del maestro en el despacho córtame el hilo de mis monólogos. Preguntóle por el piano de marras, y oh realidad horrible, que nada respeta y echa por tierra las creaciones más ricas de la fantasía! El gran compositor me oye sonriendo, y me replica con sencillez, revelándome, sin darle importancia, la espontaneidad de su numen: -Lo vendí; pero le advierto que apenas compuse en él nada de la partitura... Yo lo toco muy mal, y la mayoría de lo que escribo va al teatro según se me ocurre, distribuido sólo el instrumental Yo sé el efecto que produce cuando se lo oigo á las partes al piano, y á veces, hasta que no baja á la orquesta la obra, no la conozco Tal afirmación se halla comprobada por la experiencia Para encontrar otra fecundidad semejante, hay que retroceder al siglo de oro de nuestra literatura, y acordarse del Fénix de los Ingenios Chapí, él mismo lo confiesa, no agarra el pentagrama sino cuando la necesidad y los compromisos con las Empresas le obligan Quizás contribuye á tal efecto el desaliento La zarzuela seria languidece, agoniza; no hay cantantes ni libretistas ni compositores; el público la vuelve la espalda El ilustre maestro había soñado con regenerarla, con evitar su derrumbamiento Sólo que se queda corto en su aspiración, ó quizás la esconde en lo más profundo de su espíritu Y es lástima El que ha compuesto la Fantasía morisca y La Bruja, es, ante todo y sobre todo, dejando á un lado otras supremas bellezas, otras hermosuras incomparables, reveladoras del genio, un autor español, y por ende debe de ser el pilar de mármol pentélico que, con el insigne Bretón, sostenga sobre sus hombros robustos el gigantesco edificio futuro de la ópera nacional JUAN Luis LEüX.