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320 Y allí son los gritos del caballero, que comprende las razones del civil, pero arde en. los ojos de la dama. Entre un Cuerpo benemérito y un cuerpo esbelto, cualquiera se decide por el segundo. Lo cierto es que en Madrid el bello sexo se ha subido á mayores, con grave escándalo de los hombres formales y sesudos. Cuando hay velada en el Ateneo, las señoras ocupan los escaños, las tribunas y la cátedra, mientras los socios, si quieren presenciar la sesión, tienen que subirse á las guardamalletas; en las aperturas de Cortts, las damas se sientan en el banco azul y en to ios los bancos de colores, dejando que los padres de la patria y los senadores del reino anden por los pasillos como pobre en puerta ajena; la mujer, en una palabra, que antes era gala y ornato de todo acto público y gratuito, hapasadoá ser principio y fin de todas las cosas oficiales. A lo mejor anuncian los diarios á todo golpe de bombo y platillos: Mañana se verificará en la Academia de la Lengua la solemne recepción pública del distinguido gramático Sr. López Prosodia. El nuevo académico ocupará el sillón que dejó vacante D. José Zorrilla. Y en efecto, la ceremonia se lleva á cabo como se anunció, salva sea la última parte. Porque el sillón de D. José Zorrilla resulta que no está vacante ni mucho menos. Lo ocupa una señora dos horas antes de que comience la sesión. tud madrileña antes del almuerzo, proyectarán á su vez otras gangas, y son capaces de ofrecer al público, no ya billetes de sombra, sino delanteras de toril. No se sabe cuándo empezará el toldo á ejercer sus funciones, porque ahora el lienzo debe ir muy caro con motivo de la Exposición de Bellas Artes; pero ya ardemos en deseos de cobijarnos bajo el manto protector tendido sobre nuestras cabezas per el comercio de la calle de Alcalá (acera de la izquierda, bajando) ¡Adiós, sol! -exclamaremos mirando al toldo. vlilgracias, caballero, ¿es á mi? -preguntará alguna señorita. -No, hija mía, es al otro, al del cielo; ya ve usted que el toldo nos lo intercepta. Buscando asuntos de verdadera sombra, las crónicas se hacen sin mentir. Por eso, yo no dudo en agarrarme á la idea emitida por los comerciantes de la cade de Alcalá, los cuales piensan cubrir con un toldo el memorable Pinar de las de Gómez. Los comerciantes proyectan su toldo, el toldo después proyectará su sombra, y ¡ayúdeme usté á proyectar! Porque los comerciantes de la otra acera, que ahora tienen sombra natural y son los favorecidos déla juven- Ya andan por Madrid los Isidros de siempre con sus anchos sombreros cuyas alas desafían al sol y con su clásica credulidad á prueba de timo de perdigones. Podrán los madrileños pasarse el año sin contar con la huéspeda; pero llegar á este mes y no contar con el huésped, sería la mayor de las imprevisiones. Mas no he de contar como cosa nueva los apuros que el forastero, proporciona. Cada uno en su casa y el Isidro en la de todos. La pradera estará este año muy desanimada. Desde que en ella se celebró la merienda de los republicanos, hay mucha gente que le ha cobrado ndedo, pensando que el mejor día va á salir de allí la federal y nu va á dejar títere con cabeza. Pero de todos modos abundarán los pitos del santo y, por consiguiente, subrarán personas de esas que se pasan la tarde llamando á Pí. ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente. Cumpliendo este tabio refrán, yo, que no me llamo Vicenie, pero que lo soy por temperamento, he venido á Zaragoza, qu- arde en jolgorios, en bullicio y animación con motivo de la despedida de Lagartijo. ¡Ole mi tierra! Diría e que los regimientos del mariscal Lannes amenazan otra vez ala ciudad heroica; á juzgar por la efervescencia que en ella SH nota y por el i n cesante movimiento de la población hacia la simpática y gloriosamente nmtilada puerta del (armen. Mas no os esa la causa del movimiento. Es que la puerta del Carmen cije muy cerca de la Plaza de Toros. Ni haya temor tampoco á los franceses. Los enemigos de hoy son por junto media docena de toros de Carriquiri. Contra ellos no hay necesidad de apuntar el cañón de Agustina ni el fusil de chispa del tío Jorge. Lagartijo se basta y se sobra. El califa cordobés da á la hora en que escribo estas líneas el primer tijeretazo á su coleta en la Plaza de Toros de Zaragoza. ISu conducta tiene honrosos precedentes. Allí mismo, junto á la puerta del Carmen, empezó también á cortarse la coleta el gran Napoleón. LUIS B O Y O V I L L A N O V A