Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
T jA t ESCENAS POPULARES, POR J. ARAUJO EL BURRO SABIO Es la hora en que la Bolsa de la Puerta de Toledo, el mercado de caballos, encuéntrase en su mayor animación. Dentro de la empalizada, por entre los raquíticos árboles distlnguense apareadas ó en grupos, en pelo ó á lo más con una, vieja manta sobre el espinazo, ráultitud de caballerías que lucen el bien contorneado esqueleto bajo la piel, pero que, sin embargo, demuestran su genio caracoleando ó encabritándose, cuando el amo restalla con ímpetu, haciéndola chascaren el aire, la tralla mágica que devuelve sus bríos á aquellos anémicos potros. Él, con sus patillas de hacha, su cutis moreno egipcio, su boca grande, sus ojos chispas y su extraña indumentaria de gitano, es el alma de aquel cónclave de ruinas que fueron caballos en sus días felices. Con su pavero torcido, la faja á la cintura, el pantalón de campana y la vara en ristre, entra como un emperador en el mercado; aquí clasifica una bestia, allí hace la apología de otra, allá obliga á erguirse á una tercera, y sin dejar meter baza á nadie, compra, vende, cambia, y hace pasar por arrogantes corceles dignos de una entrada tiiunfal, los que en fuerza de recomendaciones sólo sérnrlan para la Plaza de Toros. ¿Quién quié manzanas como la miel? Ahí está el vendedor de todos los días, otro de los personajes del mercado, córi sus cestas llenas de frutos, su peso, su gorra de visera truhanescamente encajada, y su cara barbuda respirando malicia y solaperia. Entre pregón y pregón alterna con los chalanes, emitiendo su voto y su opinión sin que nadie se los pida, y haciéndolos á veces callar en punto á charla. Manzanas como almíbar! Un mozo apalurdado que pasa cerca con su burro detiénese á comprar ante las cestas; el peludo pollino se para también y se queda inmóvil, probablemente dormitando con los ojos abiertos, pero contemplando al parecer el grupo. El vendedor enristra su balanza, echa en uno de los platillos un cuarto de kilo y en el otro varios frutos, y después de hacer un equilibrio problemático con los dos, entrégale al muchacho lo adquirido, diciéndole con soma: -Cámara Su burro de osté diquela de pesos... -jPorqué? -le preguntad rapaz sin entenderle. -Porque cá vez que quitaba una manzana del platillo ponía el muy ladrón las orejas en punta...