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314 Y al decir esto Mariana se puso en pie, roja como la grana, temblando como azogada y pidiendo á Dios que se hundiese la casa. Se le habia escapado el secreto! ¿Y cuándo? Delante de su hijo! v. Ñ Pedrito, asombradísimo con lo que no acertaba ver ni á oir, bajóse de las rodillas de Perico, y dijo con esa gravedad de los chicos que imitan á los grandes: -Anda, tonto, no llores; los hombres no lloran nunca. Y como cobrando ánimos con su propio discurso, se montó á caballo en la pierna derecha de Perico. MANUEL MAEÍA GÜEERA.