Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ANUNCIOS Y PROSPECTOS No hemos llegado todavía á la perfección que ostenta el ramo en Inglaterra y los Estados Unidos; pero vamos marchando, y, en esto del progreso, ponerse en marcha es casi llegar. Una bocina metálica nos anuncia desde dos kilómetros de anuncios de los periódicos, y puede cómodamente seguirse la corriente de la moda en los vinos de pasto, casas de préstamos y máquinas de coser. Las librerías, después de llenar sus escaparates, tapan la muestra con algún lienzo llamativo, anunciando la obra que constituye el éxito del momento, obra que tal vez en ló antiguo no habría podido ofrecerse, ni aun privadamente, sin riesgo de ser conducido á la cárcel el vendedor. Para evitar letreros se ha recurrido también el símbolo, y así como un papel blanco en el centro de un balcón indica que el cuarto está desalquilado, y á un lado del mismo balcón, que se admiten huéspedes, y el tarjetón de los coches que éstos se hallan á disposición del público, así también una bota ó un guante de terribles dimensiones, colgados, nos ad- distancia que se acerca el veñd éílor de aceite mineral; un redoble de tambor, que no está lejos el vendedor de aguas para quitarnos el dolor de cabeza, y hasta la cabeza si es necesario. Salimos á la calle, y los transparentes de unos balcones representando escenas tristes de nuestras contiendas civiles, nos anuncian, á la vez que lo mal que se pintan tales carteles la exposición de unas figuras de cera. Nos metemos en un tranvía, y por fuerza tenemos que cerrar los ojos ó leer los anuncios de sus carteles y cristales. Un carro de inmensa altura y lleno de letreros nos sale al encuentro ó nos sigue, solicitando nuestra atención. No hay obra ni derribo que no constituya anunciadora temporal. Una procesión de individuos, con banderas y carteles, nos recuerda la necesidad de proveernos de Almanaques, ó nos aconseja que antes de comprar camas de hierro acudamos al depósito de la calle tal ó cual. En el centro de un corro, y ocupando lujosa carretela, un individuo vestido de frac alterna la prestidigitación con el arte del dentista y el comercio de específicos. Si vamos al teatro, sus telones plagian alas planas de vierten que en aquellas tiendas podemos calzarnos de manos ó de pies. Cuando la bota no es imitación, sino auténtica y hecha pedazos, equivale á decir, no que allí se rompan, las botas, sino que se componen. El anuncio lo invade todo en una ú otra forma; pero todavía hemos de ver mucho más, gracias al continuo ejemplo de los pueblos cultos. Y porqué no llegar hasta los últimos límites del progreso? Hagamos ya lo menos, y cuando veamos á algunos políticos con determinado traje ó adorno, leamos todos sin vacilar: Se vende. Paseamos por las calles y nos faltan manos para ir recogiendo prospectos de todo linaje de industrias. El que tu-