Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
295 ¡Cómo ha de ser! Aguardaremos á que escampe. Y entretanto, los Ministros de Ultramar y de la Guerra pueden confeccionar, de común acuerdo, el siguiente brevísimo programa de operaciones: -Orden del día para mañana: Defensa del territorio nacional (si el tiempo no lo impide) Los verdaderos españoles ardemos en santa indignación y pedimos al Gobierno un fusil j un paraguas para ir á Cuba y ponernos de barro á la rodilla. La partida quizá no se componga hoy más que de media docena de hombres; pero ¿quie n sabe si se multiplicarán el día de mañana? Personas entendidas aseguran que el terreno pantanoso hace crecer el arroz y el filibusterismo. Los diputados cubanos se ven estos días molestados con mil preguntas. ¿Que sabe usted de eso? ¿De qué? -De las partidas. -Ni palabra; pero el Fuero Juzgo le conozco divinamente. Hay quien atribuye la insurrección al odio de raza entre blancos y negros. 8 e trata, por consiguiente, de una verdadera partida de ajedrez. Y de otro encasillado, mil veces peor que el electoral. El Gobierno, encaso de apuro, enviará nuestros primeros alfiles, y á Martínez Campos como peón de reina. Para que dé á esas ovejas descarriadas el mate del pastor ¿Es grave lo de la manigua? -preguntamos á los de la unión constitucional. -No lo crea usted; todo se reduce á un García cualquiera con media docena de maniaguados. En la actual temporada, las obras de cal y canto corren parejas con las obras dramáticas. Estas parecen escritas en silva ó destinadas á estrenarse en el teatro Tacón; aquéllas padecen de la misma ingénita debilidad, y se desploman sobre el transeúnte con todos los versos, ripios y cascotes que tiene la obra. -En tal calle se ha caído una pared maestra. -En tal otra se ha hundido un tabique discípulo. -La calle de la Montera, que poco á poco iba incorporándose, ha llegado á ponerse de pie. Dícese que la liga de albañiles había denunciado por ruinosos una porción de edificios, y éstos, sin duda, al verse descubiertos se arrojan á los pies del Alcalde implorando perdón y misericordia. ¿La calle de la Justa? -preguntamos á un municipal en la plaza de Santo Domingo. -Siga usted la calle Ancha, y en cuanto se dobla la primera esquina- ¡Caracoles! -decimos dando un salto, ¡á cualquiera hora paso yo por una esquina que se dobla! Y que no vale echar por en medio de la calle. También las vías públicas se hunden, ya sea porque la madera no está para hacer cucharas, y mucho menos para hacer tarugos, ya sea porque el fluido eléctrico, el del gas del alumbrado, el agua potable y todo lo demás que corre encanutado bajo nuestros pies, se ha confabulado para dar con nosotros en la alcantarilla. Simas en esta calle, pozos en la otra, precipicios en la de más allá No sabemos si es Madrid que se abre como un chaquet viejo, ó es Gamazo que hace calas para descubrir la riqueza oculta.