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Á OCHO DÍAS VISTA Tempestades. -Capuchinos de caoutchouc. ¿Cuba libre? -Blancos y negros. -Partida de ajedrez. Cabecillas y maniaguaJfs. Hundimientos. -Madrid se va. -Segundo anivirsario de Blanco y Negro. -Tijeretazos, Durante una porción de días lipmos salido en MKdri 1 á tormenta ¡lor tarde. lííublábase el sol, obscarceiase el horizontp, arrastraban por las uub s sus mueb es nuestros vecinos del piso de arriba, y á poco empezaban á caer esas gotas aislada? gruesas, insultantes, coaao si le escupieran á uno desde el empíreo. Los que habían salido de casa con intento de ir á Jai- Alai se refugiaban en los patios, que se veían llenos, aunque no de bote en bote, porque no ha caldo agua hasta ese punto. ¡Hola! -decían saludándose en el conaún refugio dos aficionados á la cancha. ¿No eras tú el que apostabas por Tandilero? -Sí; pero ahora doy momio por Portal. de la puerta de casa, añadía la pobre señora sin dar ie con bola: -Mira; pon en la mesa al señorito y ábrele la puerta á la sopa. Los tranvías abiertos, que tanto gusto pmpezaron á darnos, porque parece que va uno entre bastidores, hubieron de ser retirados de la circulación, y en su lugar salieron otra vez los coches cerrados, que se rezumaban como botijos. Las dolencias reumáticas se han recrudecido coa estas informalidades del barómetro, y la flor y nata de nuestros impermeables han salido por ahí á tomar aguas. ¡Dios mío! -decíamos pegando las natices á la vidriera, ¿llegarán á caer capuchinos de bronce? Porque ya han salido los de caoutchouc. La lluvia, sorprendía á las niñas cuando volvían del Retiro, y á los empleados públicos al salir de la oficina. ¡Cómo vendrá e se! -exclamal a la amante esposa. ¡Habrá que tenderle! y cuando ya á la hora de comer sonaba el timbre A la hora en que escribo estas líneas, se ignora si la integridad de la patria ha sufrido allá por Cuba un rudo golpe ó un sencillo arañazo sin importancia. En los círculos políticos se comenta vivamente el levantamiento de las partidas famosa? pero ¡bah! ya se sabe que en esa clase de círculos madrileños todas las noches se arman y se levantan partidas sin que nadie se preocupe. Lo que más alarma á todos es la época en que han aparecido los filibusteros, porque las lluvias toi- renciales que caen estos meses por allá hacen infructuosa toda persecución.