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288 La faena duró algún tiempo, y unos cuantos atunes, en la lucha por la existencia, se unieron al primero en el fondo de nuestro esquife. Uno más vigoroso, rompiendo en pedazos la cuerda del aparejo, puso en peligro la vida del pescador, que, en el colmo de su inocente ambición, demandaba llena de fe el auxilio de su divina patrona. Ocultábase el sol en el horizonte, y envueltos en la penumbra, viramos de nuevo buscando el puerto. Un hermoso yacht pasó á nuestro lado hinchadas sus velas por suave soplo, y arrullado, en su orgullo, por un rizado oleaje; diríase de él: Ivguió su cuello gracioso y flexible, levantó sus alas, por entre las cuales zumbó la brisa, y se deslizó con elegante abandono por la superficie liquida de las aguas. ééí fk 2i m é imtfí ie- Ya cerca de tierra, viendo á lo lejos al soberbio yacM de blancas velas, me pareció, ¡qué tontería! que los hombres de las lanchas, los q ie tanto sudaban y tan mal vivían, se precipitaban con su ñotilla de gaviotas sobre el barco burgués, el cisne de Andersen, para aniquilarle. AuKKLio DANTÍN. INTIMiDADES, por Gascón. -Lo que más me ajrara es ignorar si Alfredo me ha dejado por una razón ó por otra. -íío lo dudes; le ha dejado por otra.