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282 ¡Dios mió! ¡Cómo se me agolpan en la mente los recuerdos! ¡Yo había soñado con que su corazón de mujer ratificase su ternura de niña; yo esperaba que aquella dulce intimidad, nacida entre nosotros en la edad en que el alma se halla abierta de par en par, concluyera en el amor, terminara en ella en una confesión de cariño! Seis años aguardando un día en que respondiera á mi continua solicitud: ¡te adoro! ¡Inútil afán! Su pensamiento volaba más alto que mi pasión terrena Pero ¿es posible que me haya olvidado? ¿Es posible que nada quede en su memoria de aquel pasado tan hermoso en que yo era su confidente, su íntimo, su indispensable, el depositario de todos sus secretos? ¿Qué extraño misticismo la ha invadido á última hora? ¡Ah! La ceremonia vaá empezar ¡Sise arrepintiera de pronto! ¡Lo anhelo! ¡Aun es tiempo! ¡Bah! ¡Cuando ha llegado hasta aquí, no hay que aguardar que retroceda! ni ¡Dios mío! ¡Que acto tan terrible! ¡Esa serie de monjas silenciosas y blancas, con los cirios encendidos, hiela la sangre! Parecen estatuas Pero ¿y la novicia? ¡Ahí está! i TJn año iba ya que no la veía! La encuentro pálida y delgada, pero siempre tan hermosa ¡Qué bien la cae el velo! ¡Alza los ojos, mi vida; déjame bañarme en sus rayos, que tantas veces me han soleado el corazón! ¡Si supiera que estoy aquí! ¡Quizás me concediera la última mirada! ¡No, no! ¡Yo he desaparecido ya de su mente; yo ya no existo! ¡Mejor es que lo ignore! ¡Sería espantoso el desengaño postrero! i Qué beatitud, qué unción, qué fervor tan profundo! ¡Su espíritu no se halla en este momento en la tierra, vuela por las regiones eternales! Ese éxtasis supremo no deja lugar á duda La lleva al claustro una vocación decidida, un amor místico irresistible La campana empieza á doblar ¡Horrible contraste entre esa juventud que se sepulta y esa ceremonia, que tiene algo de oficio de difuntos! ¡Y ella goza viéndose despojar de sus últimas galas! ¡Con qué fervor ha comulgado! ¡Qué luz celeste la de su rostro! ¡Está tocada de la divina gracia! ¡Pero pero yo no lo estoy, yo la idolatro y la pierdo! ¡Ah! ¡No me equivoco, no! ¡Antes de vestirla la han cortado el pelo! Es natural; el ascetismo del claustro no consiente vanidades! Debajo de la toca no existen ya mis queridísimos rizos, la cascada de seda que fué siempre mi alegría, que tantas veces tuve entre mis manos, cuando se la dejaba caer suelta hasta la cintura! i Y ella misma se ha resignado al sacrificio, ella misma ha consentido que la tijera la robe sus cabellos! ¿Ko se ha muerto mil veces al oírlos crujir? ¡Infame! Pero ¿por qué? El que acomete lo más, salva lo menos Ella no va al claustro despechada, no la impulsa un desengaño; es rica, tiene unos padres que la idolatran; yo no la adoro, la venero Sin embargo, vuelve la espalda á toda esa felicidad, y toma el velo ¡No ha tenido nunca corazón! IV La desgracia nos persigue de una manera cruel, querida amiga í s horrible lo que ahora nos sucede La alegría ha huido para. siempre de esta casa Papá no habla con nadie, todo le disgusta, ha envejecido de un modo atroz; mamá tampoco levanta la cabeza, y los médicos se desesperan buscando manera de combatir esa terrible enfermedad que se la lleva y que ellos ignoran cuál es Yo soy más lista: tristeza La resolución de María los ha matado á los dos sPero aun hay más Joaquín, ya sabes, nuestro primo huérfano, que vivía con nosotros y que siempre fué de un carácter abierto, se convirtió de pronto en un hurón, comenzó á cometer las mayores extravagancias, se dio á la bebida; él, tan recogido, empezó á trasnochar y concluyó por hacerse un tronera, con harto dolor