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280 paes no se permitía alejarse del sitio en qu 3 se h b! a hesln alti: los camxraias comían agrupados; los oficiales hacían lo propio en pintoresco corro. Y á pesar de la tristeza general que se adyertia, liizose alguna reacción luego que el ref rigerio cayó en los sendos estómagos, antros verdaderos donde hubieran desapareeido las provisiones de Camacho el rico, centuplicadas y más que centuplicadas en el ramo de pemiles, aves de corral y novillos tiernos. ¡Y cuenta que el mosto estaba allá lejos, muy lejos, en la Eioja ó en la Manchal Destacábase en aquel cuadro, entre sombrío y pintoresco un grupo de soldados que junto á un ribazo harto a desnivelado, comían algunos trozos del clásico abadejo Ijfei y tal cual guindilla rojiza, á cuya fola presencia hui T, J g J P K. í rían espantados los estómagos pusilánimes. Dentro del V 4 ¿íí cerco, contenta, agradecida y nerviosa, paladeábalos j- ¿J f r i i í- s l relieves sobrantes una perrilla ratonera, sucia, rabona j -ir t í Cr ¿A J Í í- A y flaca Á y f Z t -Vamos á ver hoy lo bueno, Xrtowa- -decía un cabo y S S Í l f de tez morena y aspecto árabe, dirigiéndose al can 7 f mientras se ponía de pie y sacudía las migajas del ca. potillo; -vamos á ver lo que es canela esta tarde, que dicen que el f regao va á ser gordo. Y la perra, Artana, sacudía nerviosamente el residuo de rabo que le quedaba, mientras con ojos atentos procuraba en tender á su amo, el cabo Salvador. ¡Ea- -prosiguió el morenote, -aquí se va á probar si nuestro regimiento llegará ó no llegará á lo alto; aquí mesmo se va á ver lo bueno y quién se trae el reaño fuerte, y quién lleva dentro jindama y si los carcas pueden ó no pueden ú qué! Mientras se levantaban los soldados del grupo y acudían otros del lado, Salvador cogió una rama seca de chaparro, la limpió de tallos y palitroques, y maridando hacer ancho circulo á los camaradas, quedó eii el centro en unión de Artana. -Vaya, vamos á saltar, perrilla, ¿lo sabes? -y la inteligente Artana dabasaltitos y meneaba el jopó, -vamos á saltar, jlo oyes bien, Artana y si es verdad que esos regimientos nuevos se traen tantas palmas y corbatas y cruces, t ú lo dirás, y veremos de paso si nosotros, es decir, Grana, vamos á correr pa alante ó pa atrás Y dicho esto, mandó ensanchar más y más el círculo, que iba nutriéndose con soldados y aun con oficiales. Y luego de poner la rama de chaparro sobre el ribazo, á una altura de más de un metro, reanudó su plática en esta forma: -Ya llegó, Artana: ahora va el 9, ese que se sacrifica en todas partes, el que se come los niños crúns, el que ha ganao batallas en Cataluña, en Valencia y hasta en Ingalaterra vamos áíver si llega. -Y la perrilla se animaba con las palabras de su amo, saltaba, aullaba, tomaba distancia. ¡A la una, á las dos, á las tres! Artana, corrió, saltó y no llegó á la meta señalada. Á todo esto, aquel senado militar murmuraba y comentaba el caso según su leal saber y entender. -Nada, Artana, el 9 no llegó: ¡je, jel Hay en esta tierra muchos boceras Pero vamos á ver el 13, ese que pega siempre, el que ataca con bayoneta, con navaja y jaüa con los dientes: ea, Artana, á la una, á las dos, á las tres! Corrió movió el jopo, ladró, y tampoco llegó el animalito á la meta. Los murmullos y comentarios se graduaban por momentos. ¡Bah! pues tampoco el 13 ly eso que rajó y mordió y venció! Pero vamos á ver los guapos, esos cazadores de fama, esos que atacan al compás de waa. porva y de un va, l vamos averíos. Artana, á la una, á las dos, á las tres! Y la perra cayó, del esfuerzo hecho para el salto, rodando por el ribazo y sin llegar á la meta. ¡Bueno! ¡Tampoco los guapos! Ahora vamos á ver aquí la canela frita Artana, ahora entra lo superior; mucho ojo, que ahora si que van á saltar los nuestros, los que callan y pegan, ¡Grana! Al oír tal nombre, pareció correr por el animalillo una sacudida eléctrica: sus ojos se encendieron, el jopo se movió locamente, aulló, ladró, saltó, corrió, y sacudiendo el sucio y mojado lomo, ganó distancia y esperó la voz de mando de su amo. ¡A la una, á las dos, ¡Artana, que salta Granál á las tres! í S áS w Una masa negruzca, inquieta, revuelta y apelotonada, cayó sobre la y cresta del ribazo, dos ó tres pies más lejos de la señal puesta por el cabo. Y aquel senado de bisónos y aguerridos, antes t a n murmurador y mortecino, prorrumpió en una salva de aplausos, de exclamaciones, de fi JÁ alegría Y aquel regimiento silencioso y caldo hacía pocas horas, recobró Z S mt. Xf el aliento, la vida v la esperanza de los viejos peones castellanos. í ií mediado el día, empeñiise una ruda pelea: se atacaron las posiciones carlistas fuimos rechazados en algunos puntos; pero, felizmente, Granada ganó la altura, y con Granada otros regimientos y batallones. salto de Artana y la chachara soldadesca de Salvador, fueron un augurio y un reactivo. Con razón se ha dicho que una frase, un accidente, un detalle cualquiera, pueden cambiar el estado de un ejército que se bate. JOSÉ I B Á Ñ E Z MARÍN. Wí W T i K ¡W S r W