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HRTHKH Las posiciones parecían lomas y declives de na montaña suiza: la nieve formaba una aMombra esponjosa, matiíada por matorrales y chaparros; alguna que otra huella delataba un sendero; las lineas atrincheradas destacaban sus parapetos, cuyas pardas crestas aparecian también con salpicones blancos aquí, allá, más lejos, centinelas y escuchas arrebujados en sus sendas mantas de provisión, alguna patrulla que iba recorriendo las guardias, silencio en todas partes, recogimiento y recelo en los ánimos, falta de confianza en cuantos vivían aquella vida fría y dura de la vanguardia. Parecía que, sobre todo, flotaba un hálito de temor rayano casi en el espanto. Eran aquellos días harto tristes para la causa Uberal. Escasez de fuerzas y de elementos, de un lado, desmadejamiento y poca unidad en el mando superior, de otro, y algo de la anarquía que imperaba en lasallas esferas del Estado, hablan dado brío á los carlistas, quienes se aprovecharon de los momentos para embestir á nuestros batallones y molestarles y quebrantarles de sus pasadas victorias y energías. Pero aquella mañana, pocos minutos después de hacerse la descubierta, nuestra vanguardia observó que en 1 campo carlista, lo mismo que en el liberal, habla desusada animación. ¡Huélome que hoy habrá cg uerga -decía el asistente del alférez abanderado con el tono y la autoridad df. que, por razón de su cargo, ha bebido en buenas fuentes Y con efecto; cuando la niebla se replegó á las crestas más altas y los valles quedaron despejados, vióse avanzar por la carretera de Pamplona una masa informe, pardusca, que iba ganando en color y en animación á medida que avanzaba en su largo y majestuoso coleteo. Poco más de las ocho serian, cuando las cabezas de las columnas comenzaron á estacionarse á retaguardia del frente atrincherado. Desfilaban los batallones con aire y apostara, pero sin aquella altiva marcialidad y aquel vigor que caracteriza á las tropas satisfechas y triunfadoras: la artillería, á lomo de los recios machos, trepaba hasta ganar las posiciones marcadas: algunos escuadrones, pocos, quedaronen uno de los flancos, al abrigo de una hondonada de suaves vertientes, y el cuartel general, no muy numeroso ni lucido, andaba inquieto de un punto á otro del teatro en que, según las trazas, iba á reñirse nuevo combate. Las tropas, como á cosa de las diez, estaban estacionadas en los áitios que en el plan del general se les había señalado, y por lo que se susurraba sotto cofe, en cuanto la división de la izquierda asomara por el gran cauce del rio, distante de allí poco más de dos kilómetros, comenzarla la juerga á que aludía el asistente. Quizás en previsión de larga pelea, y para tener menos apabullada á la gente, conieron los ayudantes y oficiales á las órdenes, para comunicar a los jefes de cuerpo qiie podían, en su lugar descanso permitir cierto desahogo al soldado, y aun el que almorza. ra cada cual lo que hubiere comprado, recibido ó garbeado, que en esos trances de la campaña, los escrúpulos monjiles suelen ser monsergas lirondas y mondas hasta para los de conciencia más exigente. Ofrecía el campamento el aspecto de una gran tribu sorprendida por el frío y la nieve en lugares inhospitalarios y escabrosos. Los que podían se abrigaban con los pliegues de la manta: otros buscaban el refugio tras alguna peña frontera,