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í ir- s. í. 45; g í. i í W r z w 4 El eclipse. -Palomas y ccanards Conjunción astronómica. Interview celeste. Descrédito del sol y de la luna. Mirando arriba. -El eclipse en el Senegal. -El loco del Congreso. ¿Es siempre el mismo, ó cambia con las legislaturas? -Al loco y al acta grave, dadles calle. -Tijeretazos. Los que teníamos esperanzas fundadas en el eclipse del otro día, nos vimos completamente engañados, y no pedimos que nos devolTieran el dinerOjpor un exceso, de consideración. Efectivamente, del eclipse no debió enterarse más que la familia de los contrayentes, porque los mismos astrónomos del Observatorio, que liacia días tenían apuntado un telescopio Armstrong con la puntería rectificada y el alza á todos los kilómetros que podía soportar el aparato, se vieron defraudados por la interposición de una paloma entre el tubo astronómico y el quinqué solar. ¿Q Ilion habrá echado á volar eso? -preguntaba uno de los mirones científicos. ¡Vaya usted á saber! Con motivo del eclipse ¡se habrán echado á volar tantas cosas! -Debe de ser una paloma; pero aquí se ve demasiado grande. ¡Ya lo creo! Parece un canard. Y en esta disputa se separaron la luna y el sol, después de haber permanecido una hora en interesante y amena interview. ¿Qué cosas se habrán dicho el astro rey y nuestro satélite particular? Averigüelas mi compatriota el verdadero zaragozano. -Mira- -habrá dicho el sol, -porque tengas cuatro cuarto? no hay razón para que te pongas moños. Nadie se ocupa de ti por allá abajo; los pintores ya no se dedican á los efectos de luna porque el que más y el que menos tiene en su caballete un cuadro de historia antigua ó media ó extemporánea los poetas ya no se entregan al clair de lune, para no convertir en dañoso relente el dulce soplo de la musa; ya es cursi decir que rielas en los lagos; y, en fin, dados los vientos de difamación y escandalera que abajo corren nadie pone á su prójimo en tus cuernos. Cualquiera tiple de zarzuela es más respetada, querida y pagada, que tú, ¡oh casta diva! Y puestos á soltarse verdades, habrá respondido la ofendida y nocturna dama: -Y tú, ¡oh rey de los astros! ¿no sabes que á los hombres se les da un comino de tu corona ígnea y de tus millares de cetros luminosos? La ciencia te- analiza en el espec- tro solar nada más j, que para sacarte los colores; la industria ha sustituido tu luz por la luz eléctrica, que se enciende y se apaga á voluntad, y tiene la ventaja de no proporcionar tabardillos; la gente vive de noche, y cuando tú brillas orgulloso en el meridiano, medio mundo te da en las narices, si no precisamente con la puerta, al menos con las hojas de la ventana ó con las cortinas del transparente. Los pocos que. te quieren se dedican á tomar tus rayos ó tus hebras de Oro, que es como si te tomaran el pelo, y hasta un empresario taurino se atrevió á secuestrarte diciendo á los abonados con olímpica autoridad: aOy no ai soh. El diálogo es verosímil en el caso improbable de que la conjunción se haya verificado, cosa que pongo en duda, porque nada vimos ni yo ni una porción de madrileños que el domingo pasado miraban al sol con lentes ahumados, gemelos de carreras y lágrimas de araña. ¿Ha pasado ése? ¿Quién? -El eclipse. -Hasta ahora no; pero yo aquí me estoy esperándole toda la tarde. ¡Aprieta! Pues mira que si el sol se pone- -Pues mira que si me pongo yo El eclipse para algunos era una persona como otra cualquiera; yo repito que nada he visto; pero si era persona, no era una persona visible por lo cual nada he perdido al quedarme en ayunas. Luego hemos sabido que el eclipse famoso no era