Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
erizos servirían de proyectiles para loa obuses; los castores ¡nar tnralmentel serian los ingemeroa del nuevo ejército. Hasta ahora no hablamos educado para la guerra más que á los perros. Ahora ae ve que con loa perros no hay para empezar. Y efectivamente, dadaa las necesidades de un ejército á la moderna, toda la calderilla es poca. V un diario ponía la siguiente frase en boca de un perro vagabundo á la vista de un perrillo mimado: -Pues á éste no le vale; tendrá que pagar el impuesto de las libreas. No cabemos si á Madrid llegará también esta moda. Aplicada á la política, darla grandes resultados metálicos ó notables efectos morales. Porque si cada casaca pagaba un tanto alzado el día de su estreno, los políticos no cambiarían de ella con tanta facilidad ó, al hacerlo, proporcionarían ingresos al Tesoro. E l impuesto sobre las libreas ha levantado una tempestad de protestas en París; y eso que era el modelo de los impuestos, porque, gravándose con él cosas superfinas, nada hay en la medida de antipático ni de odioso. Ha habido en Francia carreras para todos los gustos. De velocípedos, de andarines, de coches, etc. etc. La Caricature ha dado á la gente que gasta coche un medio de eludir la contribución. Dejar á los cocheros en mangas de camisa. Con lo cual se ahorra el amo los recibos del impuesto y las cuentas del sastre. Otros periódicos han afirmado que el impuesto, para ser equitativo y justo, debe cobrarse también á los académicos, á los diplomáticos y demás personas que gastan casaca. Un periódico proponía carreras de yernos con la suegra á cuestas, y no sabemos si á estas horas habrá twAo amateurs este nuevo género de sport. Un materia de carreras no nos ganan á rapidez nuestros vecinos. Para algo ha de servir la enseñanza ubre. Se ha adelantado en Bélgica el 1. de Mayo. Los obreros se han amotinado contra la policía; pero el escándalo ha sido de tejas abajo, porque, en efecto, los huelguistas treparon á los tejados y arrojaron las tejas sobre la fuerza pública. Ha habido contusos de una y de otra parte. Y aun de todo el cuerpo. Los amotinados creyeron conveniente apagar los faroles del alambrado público para ampararse en la obscuridad. Un error de táctica como otro cualquiera. Cuando una ciudad está á obscuias, la policía puede justificar loa palos de ciego. LUIS B B E M É J O