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cot o Año I I I Madrid, 2 2 de Abril d e 1 8 9 8 Núm. 103 ilío de los objetos que más han llamado la atención de los artistas en las salas de l a Exposición Histórica, es el retrato del gran satírico D. Francisco de QueTedo y Villegas, atribuido a l pincel de Velázquez y propiedad del Conde de Valencia de Don Juan. Ni es este lujrar á propósito, ni dispo- nemoá en BLANCO Y NEORO de espacio suficiente para d a r á los lectores una bio- grafía detallada del insigne autor del JBiiseón. tan popular por sus jácaras y escritos burlescos, como escasamente conocido en otros conceptos más valiosos de su inmenso y variado talento. Educado entre las intripas y manejos cortesanos. radie como I conoció la ambición y doblez de los favoritos y palaciegos, tan listos y activos para lograr el medro personal, como sordos y perezosos ante las quejas del pueblo empobrecido y de la patria TOta y e qu Imada en los tiempos infelices de Felipe IV. Precisa era toda la energía y todo el valor del poeta de cuatro ojos para escribir al Monarca quel famoso memorial de agravios que decía en sus primeras estrofas: ffíNo í a do haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir io que se dice? jNutioa se ha de decir lo que se siente? Aquella varonil y durísima repulsa contra los vicios y abandono del OondeDuque valió al poeta el disfavor del favorito, que de un modo inquisitorial decretó la prisión de Quevedo y su maicha á buen recaudo hacia San Marcos de I eón, donde el señor de la Torre de Juan Abad pasó en prisiones los últimos años de su vida. Los alguaciles que en esa ocasión fueron á prenderle hallaron á Quevedo metido en la cama, y no le dieron tiempo para arreiflar asuntos ni papeles. -Perdone vnesa merced- -le dijo el alguacil dé corte- -pero ya sabe lo que son estas cosas. -Sí- -respondió Quevedo- -ya sé. que estas cosas en España son lo mismo que todas las demás. Falleció Quevedo en Villanueva de los Infantes el 8 de Septiembre de 1 B 45, al (Be ótoUpia de la casa Laurent y CompaMa. cumplir sesenta y cinco años de edad. La mayor parte de los chistes que de él se cuentan, son apócrifos á todas luces; pero he aquí algunas desús originales ocurrencias: Convidáronle varios amigos á un concierto que daban ciertas damas muy duchas en cantar y tocar el arpa. Queveilo, que, como se sabe, era patizambo, llfvaba siempre hábito largo á f i n d e ocultar su cojera; mas aquella tarde Uegó á descubrir unó de sus pies, provocándola hilaridad de las imprudentes damas. -Habéis entrado con mal pie- -dijo una de ellas. -Pues áiín hay otro peor en el corro- dijo Quevedo, y SRCÓ el otro pie, más torcido y peor hecho. Cuando disponía su testamento, el Vicario de Villanueva procuraba convencerle á que dejase una cantidad para que su entierro fuera lujoso y de toda pompa, con asistencia de músicos, como convenía á persona tan: principal. -La música- -respondió el poeta volviéndose del otro lado- -pagúela quien la oyere. Populares son sus acerbas críticas literarias dirigidas contra el gongorismo, y las personales y duras diatribas que endilgó á Montalbán eii la famosisíma Perinola. Erudito, filósofo y hombre de Estado, la lista completa de sus obras ocuparía largo espacio en nuestro periódico. Justo Lipsio le llama alta gloria de los españoles Lope de Vega, principe de los líricos y Cervantes, hijo de Apolo