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257 R o m p i e n d o á llorar con fuerza, -E l negro no, el negro no, Q u e no que no se lo lie va... -N o extrañe usted- -dice el padre- -Q u e el pobre chico lo s i e n t a Como es animal tan noble, Del niño montar se deja; Pero el negocio es negocio, Y aunque yo también quisiera Que usted se llevase el blanco, ¡Qué diablos! si usted se empeña- -Y diño otros treinta pesos Como treinta soles, ¡ea! -Dijo El TÍO Engaña, engañado P o r aquella extraña escena. Por la gravedad del padre. Que a u n vacila, duda y piensa, Y por la angustia del chico. Q u e a u n llora, grita y patea. -Mas sin probar. -Yo chanelo Sin necesidad de prueba- -Dijo el gitano, intentando Arreglarlo á toda priesa. Aun dudó el dueño u n momento, Pero al cabo dijo: ¡Sea! Ahí tiene usted sú caballo. -Y ahí su mercé las pesetas. Y terminado el negocio. L a s dos partes satisfechas, Fuese el gitano, llevando El caballo de la rienda, M u y ufano con su compra Y oyendo al chico, que aun queda Gritando por largo r a t o ¡El ne gro... que se lo lleva! III Era aquel día en Sevilla El primero de la feria, Y al real marchóse el gitano, Viendo y a ganancia cierta. Como el caballo era g r a n d e Y era de hermosa apariencia. P r o n t o salen compradores Q u e hacen notables ofertas, Y que en corro se colocan, Queriendo admirar de cerca Cómo aquel animal corre, T r o t a g a l o p a y bracea. E l gitano, con orgullo, Mira á cuantos le r o d e a n Y va á montar, ya pensando En el fruto de la venta. Coloca el pie en el estribo, n la crin la mano izquierda, L a diestra sobre la silla, Y salta con ligereza. Y como u n a estatua ecuestre, Un punto inmóviles quedan Caballo y jinete, en medio De la absorta concurrencia. Pero ¡ay! no bien el gitano Clava en u n ijar la espuela. Con un bote de carnero Tírale p o r las orejas. Aturdido por el golpe, Pero más por la sorpresa, M o n t a r de nuevo pretende, Y apenas hacerlo intenta Ya el caballo, enfurecido, U n par de coces le suelta, Y furioso se dispara Y arma tal marimonera. Que en menos de dos segundos A los curiosos dispersa, Con t a n extraño alboroto, Tales gritos) carreras, Q u e todo el m u n d o se alarma Sin saber la causa cierta, Y todos corren y g r i t a n Se confunden, se atropellan, Y asaltando las casillas Y entrándose por las tiendas, Echan á rodar juguetes Y hornillos de buñoleras, Y espantan á los g a n a d o s Que la confusión aumentan Al correr entre las gentes Vacas y potros y yeguas, Cerdos (con perdón sea dicho) T o r o s caballos y ovejas, Que m u g e n relinchan, b a l a n Y los espacios a t r u e n a n Y en menos de dos minutos Consiguen que se convierta E n u n campo de Agramante Aquel campo de la feria. IV- -Perdóneme su mercé Que por esta casa güerva- -Dice al vendedor primero El gitano, que aun cojea, Y va todo entrapajado, Lleno d e parches y vendas, Llevando detrás de sí Al caballo por la rienda. -Yo no vengo ií jonjabarle. N i á desbaratar la v e n t a Por más que me la ha diñao Como á un chusquel, por ser bestia; Vengo tan sólo á peirle, P o r toíto lo que mas quiera, P o r los sacáis de zufita Y la gloria de su agüela, Q u e me preste su mercé Por media horita siquiera A su mardecío niño P a que me ayüe en la venta. FELIPE PÉREZ Y GONZÁLEZ. V k- -f -M.