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y y LA V E N T A D E L J A C O H a c e j a nueve ó diez años, Si no es más larga la fecha, Que había en Sevilla un tipo l3 e chistosas ocurrencias. Con un gesto siempre fiero E n su cara siempre seria, Ocultaba los impulsos De su condición chancera. Al que no le conocía Asustaba su presencia, Y a u n los que estaban al tanto De sus burlas y sus tretas, Viéndole el rostro dudaban E n ocasiones diversas, Si es que se hallaba de broma O si es que estaba de veras. Tenia el tal dos caballos. L o s dos d e hermosa apariencia. U n o blanco y otro negro. De la raza cordobesa. E r a el blanco manso y dócil, T a n t o que un niño pudiera Montarle sin riesgo alguno Y llevarle á rienda suelta. Era el negro asustadizo, Resabiado de manera, Q u e aun el pretender montarlo E r a temeraria empresa, P u e s á veces, no bastándole Dar con el jinete en tierra, L u e g o á coces y á mordiscos Le molía con fiereza. Pensando estaba nuestro hombre Salir de la ganga aquella. Discurriendo, en vano, alguna Ingeniosa estratagema, Cuando acertó á presentarse U n gachó, tratante en bestias, Que era un coral- or lo fino, Y por lo sabio un Séneca; Con más vista que cien linces Y con más conchas que puedan T e n e r todos los conchudos Galápagos J e la tierra. P o r su gramática parda Y por su astucia y viveza. N o hubo en la gitanería Gitano de más trastienda. Sabía pintar con arte Cualquier afanada acémila, D e modo que ni aun el dueño Pudiese reconocerla, Y con las defectuosas Dábase trazas tan buenas. Arreglándoles, con maña, Ojos ó cuellos ó piernas, Pegando rabos postizos, Colocando crines nuevas, T a p a n d o los alifafes Y encubriendo las lacerias, Y con su labia engañando A tantas gentes despiertas, Que el apodo de El Tío Engaña Gozaba de fama inmensa. II- -Güen par de grastés de buten E r que su mersé ahiyela- -Dijo, viendo los caballos, -Sin bulipén w pamemas, Y así 2 ín debel no me ayúe, Y sin los clisos me vea, Y entre libanes me encuentre Pasando las ducas negras, Y así la salú me farte Y no guipe u n a monea. Si sé entre er negro y er blanco A cuár mi gusto camela. -E l negro no- -grita un hijo Del dueño, que allí presencia El trato, y es arrapiezo Q u e apenas seis años cuenta. -O y e tú, chaval, soniche. Q u e estas son cosas mu serias, Y mia tú por donde er negro Es er que ahora quiere menda, -El negro no- -dice el chico