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254- ¡Ah, vamos! ¿Y usted es Villegas, ese que tanto ruido mete acá y allá, y que pinta y se señorea y y no tiene siquiera un premio en Madrid? Parece mentira que usted tambie n quiera venir á recorrer la Vía Appia ¿qué espera de la excursión? ¿Otro cuadro de esos que pasman y maravillan? -Le diré á ozté, zeñor mío: espero luz del sielo, mansanilla de Sanlúcar, alegría en er corasón, arte pa mirar y recrearme, y lo que caiga, porque donde hay aniigos hay pa mí encanto, inspirasión y dicha ¿me entiende ozté? -Basta, mae tro; pero bien podía usted haberse dejado ese mirar de sevillano listo y simpático, porque hoy sólo es día de comer, beber, admirar y reir. ¡El tercero, el tercero! ¿Quién es el tercero? -Agustín Salinas, pintor- -Y gordo, amigo mío. ¡Vaya si se trae usted buen garrote y gran abdomen! Pero, oiga, ¿dónde compró ese tapabocas, en la x lcarria? ¡Quiá! ¡En Zaragoza! -Y dígame, por su vida, ¿puede pintar con él esas tablitas tan preciosas y esas Vías Appias tan fantásticas? -Se Lace lo que se puede. -Basta, Sr. Agustín. -Aquel tan galán, tan majo, tan bien oliente y vistoso, el que saborea el veguero de Ahajo y viste como un yentleman, ¿cómo se llama? -Juan Antonio Benlüure. -Usted es el A. B. Gil de marra ¿no es cierto? -El mismo. -Pues, señor mío, aquello de Por la Patria era bueno. Lo que parece extraño es que se pinte usted mujeres tan guapas, tan mujeres como las que lleva á Exposiciones y Museos. ¿Tiene usted troquel? ¡Psch! ¿Falta alguno? ¡Aquí está Puerto, oíra. ¿Y qué trae á la expedición? LOS PRIMEROS P A S O S POK MELITÓJI GONZÁLEZ PEIMER DÍA DE INSTRUCCIÓN. Uno! dos I tres I ¡cuatro! v vV SEGUNDO D Í A ü! o l ¡e ¡I ¡ao! TEECBE DÍA. ¡Gul gcuI güeíI ¡guau!