Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
FOTOGRAFÍAS INTIMAS DON ANTONIO MARÍA FABIÉ NCHOS muros cubiertos, del suelo al techo, por la torneada estantería de la biblioteca, henchida de libros; guardamalletas y cortinas que tapan las puertas con sus pliegues, de color café obscuro; mesa italiana, estilo del siglo xvi, con mil labores de talla; sillón de primoroso respaldo, verdadero sitial, regalo de la difunta Marquesa viuda de Bedmar; mesita de auxilio, atestada de volúmenes y papeles; alfombra que apaga los pasos, la luz penetrando por un solo balcón; entre los candelabros de la chimenea un retrato grande del P. Nozaleda; encima, colgado de la pared, un San Francisco al óleo Tal es el despacho de D. Antonio. Coloqúese ahora la enjuta figura del culto ex Ministro en el sitial, no vestida con prosaico batín contemporáneo, sino con ropilla de negro terciopelo; órlese su cuello con la rizada gola; imagínese su rostro grave, severo, contemplativo, contraído por la continua meditación; los ojos hundidos en una barricada de papelotes, y será necesario que le digan á uno que tales infolios no son sino las fojas de algún expediente de lo contencioso, para no creerse entre cualquiera de aquellos ilustres secretarios y profundos políticos al servicio del católico rey D. P elipe el segundo, enfrascado en el estudio del proceso contra los protestantes ó contra los moriscos, ó en el examen de los asuntos de Flandes. A Dios gracias no hay tales Austrias ni tales carneros; que si los hubiera, no tendría yo el gusto de contar entre mis buenos amigos presentes á D Antonio María Fabié. Todas las mañanas, sí, se le encuentra trabajando en su despacho desde muy temprano, porque es madrugador; pero no conturban su espíritu las guerras de religión ó las fechorías del príncipe Carlos, sino que se ocupa en redactar la minuta de algún informe para la Academia Española; en precisar la época de esje ó el otro chirimbolo ante ó postcolombino, y si nada urgente le exige su tiempo, en solazarse con la lectura de Santo Tomás, K a n t H e g e l lord Macaulay, y alicuando alicuando, de Lope ó Calderón. E l sistema es propenso á errores; pero soy de los que creen que la caraVevela los gustos íntimos, y aun la particular profesión y aptitud. Cualquier observador mediano, sin antecedente ninguno, vislumbraría en Vega de Armijo al diplomático, al Ministro de Estado; en Montero Ríos, al jurisconsulto profundo y sutil; en CosGayón, al hombre que tiene por pedestal de su carrera un negociado, al hombre de oficina; en Martínez Campos, al militar, al soldado; en Castelar, al tribuno; en Cano-