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EL HIJO DE MI BAUTIZO SR. D. CASTELLÓN GONZÁLEZ. CANUTO DE LA PLANA. Querido apurado: Me encuentro tan Canuto, que no sé cómo darte casa de lo que ocurre en mi cuenta. Ya sabes que el mie rcoles de tarde, á la caída de la Ceniza, mi robusto niño dio á luz una costilla; s lió, pues, de su entierro cuando se celebraba el embarazo de la sardina. Ocho dias después verificábase el hijo del bautizo de mis entrañas en la María de Santa parroquia. Actuaba de veterinario de la criatura un acreditado su mámente padrino, y se había prestado á tenerlo en la madrina una pila muy gorda, con tantas verrugas en el bolsillo como pesetas en el pescuezo. Daba la Puerta del Sol en el reloj de la una cuando salí de pobre, dejando á la casa recién parida, acompañada de una butaca tartamuda y sentada en una vecina de gutapercha. Conducido por un ama de coraceros (prima de un sargento de cría) cruzó el chico su gorra de puntillas con la Plaza Mayor en la cabeza. El padrino con su mantilla de encajes, la madrina con su pipa en la boca, y yo con el bastón en el alma y el orgullo debajo del. brazo, formábamos la María del recien nacido, y asi llegamos á Santa escolta, donde nos esperaba, sentado, H! sobre un bonete de nogal el señor hisopo, con su banco en la mano y su teniente cura en la cabeza. Junto á él estaba i un perro con sobrepelliz, y debajo del asiento un sacristán de Terranova relamiéndose el hocico.