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TIPOS DE LA OPERA Ct (ri v cicLóT ¿Por qué se frota usted las manos de gusto, lector respetable? ¿Cree usted que voy á hablar pestes del teatro Real? ¡Error profundo! N o vengo á BLANCO Y N E G R O á ejercer de crítico; vengo sencillamente á hacer unos ligeros apuntes á la pluma de algunos tipos pertenecientes á la ópera, y éstos lo mismo pueden ser del teatro Real que de otro cualquiera donde el gran género lirico se cultive. Muchos y buenos escritores han fotografiado maravillosamente al avisador de teatros, rueda importantísima de la máquina teatral, á pesar de su aparente pequenez, y sería pretencioso y ridículo de parte mía, tratar de enmendar la plana á aquellos escritores añadiendo líneas á sus dibujos correctísimos. Hoy por hoy, voy á trazar únicamente los rasgos salientes de un conocido avisador, famoso por su ingenio. Mañana será otro día. Omito su nombre por no ofender su modestia. Jamás hjj confesado que entiende y chapurrea el italiano. Falsa mbdestia, hija de estudiada y provechosa discreción, á la que debe no escasa parte de su buenaventura. Conductor de todas las malas noticias, intermediario entre empresas y artistas, finge ignorar el sentido de aquellas palabras q u e textualmente transmitidas de tinos á otros, podrían ocasionar graves disgustos, y á veces hasta malograr una especulación. Mi héroe jamás AÍZ oido ni ha transmitido la frase que pudiera molestar á un empresario ó á un cantante. Dadle á mi avisador maneras distinguidas, un uniforme ó un frac y una corbata blanca, y resultará un diplomático, que me rio yo dé Talleyrand. Si dijera todo lo que piensa, y algo nada más de lo que sabe, en campo de Agramante podría convertir un escenario. Profundo conocedor del terreno que pisa, jamás ha traspasado las lindes de la órbita en que debe girar. Hasta en las mayores solemnidades vis e de americana y hongo; y sin embargo, no hay tenor, barítono ó bajo que, al refrescar el ropero, no le haya regalado una levita, un gabán ó un chaquet Utiliza los pantalones y chalecos que le cede la munificencia artística, pero las prendas superiores jamás. Él no debe alternar ni presumir. Para no faltar á este honrado propósito, vende en el R i s t r o la ropa artística que debe al favor de los cantantes. -No te doy un sombrero de copa, porque no lo gastas- -le han dicho cien veces delante de mí. -Pero los guardo para cuando mi hijo empiece á visitar. Va á licenciarse en medicina en Mayo próximo. ¡Ya! Pues toma. Y en ocho años obtuvo y vendió veintitrés sombreros. N o tiene hijos que estudien medicina ni nada; más claro aun, no tiene hijos. E n una temporada de invierno llegó á coleccionar treinta y dos pares de guantes, que vendió para comprar mitones de estambre.