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Al pie del áureo trono que sustenta La imagen de la Virgen bendecida, En la soberbia catedral cristiana De altos pilares, góticas ojivas Arrodillado sobre el duro mármol Junto á la negra cripta, Hay un guerrero de maciza piedra Cuya espada desnuda, fuerte, invicta, Parece ser del solitario templo Perenne guarda, protectora egida. Sonaron las campanas de las torres, Alzó el pueblo confusa gritería, Derrocáronse en polvo las murallas, Luto y desolación reinó en la villa, Los templos y mansiones solariegas Invadió la morisma Y en la soberbia catedral cristiana De altos pilares, góticas ojivas. Escuchóse un lamento quejumbroso, Que retumbó en las bóvedas sombrías. Cuando el sol alumbrando los espacios Lanzó miríadas de fulgentes chispas. Con asombro y espanto indescriptible Contemplaron las huestes mogrebitas El cadáver de un jeque mahometano Junto á la negra cripta, Y la marmórea estatua del guerrero Con la desnuda espada en sangre tinta. Añaden unos rancios cronicones Y refieren las viejas en la villa. Que cuando el vil sectario de Mahoma Profanar quiso la mansión divina, El guerrero de mármol cobró aliento Para arrancarle al musulmán la vida. M. E. BLANCO B E L M O N T E i