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208 cuando Felisa bajaba á buscar un calmante para D. Nicanora, él la dijo no sé qué, pero muy grave seria cuando Felisa, que es la dulzura misma, gritó con acento de profunda indignación: Ya he dicho que no, canalla! ¡Desventurada hermosura de alma y cuerpo, que se consume en la obscuridad y en la miseria! ¡Qué feliz haría á un hombre de bien! Ya no sueña esta ventura. Piensa que cuando se quede sola en el mundo, pedirá por Dios que la reciban en el Noviciado délas Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul. CARLOS F R O N T A U R A RIMA Una gota incesante llega al cabo El granito á horadar; forman, Muchos granos de arena el monte Rasgan ¿Sólo impotentes del dolor los ayes Se han de perder en el espacio azul? ¿Las infinitas penas de m. i alma No han de lograr Borrar también la sombra que te oculta, y darme Muchas ráfagas de aire, el huracán. el vele de la obscura noche Muchos rayos de luz; La inmensa dicha de volverte á ver? RICARDO SE PUL V DA.