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204 de las postrimerías del pasado siglo y principios del corriente, resultaría el gran concertista germánico La misma cabeza inteligente é inquieta, iguales ojos relámpagos, idéntica vivacidad en el rostro: Mozart. No hay más que hablar una sola vez con el ilustre D Jesús para comprenderle: no es un hombre, es una trabazón de nervios que saltan como si le sacudieran mil corrientes eléctricas á un tiempo. D e coloquio con él no es posible meter baza; habla al galope, preguntándose, contestándose, riendo, accionando con las manos, con la cabeza, con el bigote, pero sin que su fluidez de palabra se traduzca en una charla insustancial, sino, muy al contrario, deleitando al oyente con aquel aluvión de ideas felices que brota de sus labios Es un impresionable tremendo Cuando toma el violín, toda esa sensibilidad desbocada se le reconcentra en sus dedos, y obedeciendo las manos á los impulsos de su genio artístico, arranca á las cuerdas los diluvios de armonías que le han hecho popular. El carácter del hombre se halla henchido de contrastes Yo he visto á Monasterio ensayando al frente de la famosa Sociedad de profesores que aun actúa en el teatro del Príncipe Alfonso, y preparando su especialidad como diría un comerciante, las piezas de cuerda Con una paciencia suprema, con un reposo absoluto, con una calma inconcebible, hacía ejecutar los pasos difíciles á sus ejecutantes, instrumento por instrumento, no desdeñando él tocar por propia mano en un violín, los compases difíciles para marcar el estilo, la acentuación Después que cada músico había individualmente aprendido su parte, obhgaba á interpretarla á los primeros violines solos, á los segundos, á las violas, á los violonchelos y á los contrabajos De aquí los admirables efectos de orquesta conseguidos por la que su batuta rigió algunos años atrás Cualquiera que no lo hubiera conocido, habría vislumbrado en el cachazudo director el relámpago viviente de su naturaleza Sólo el arte, la inmensa pasión de su existencia, ha sido capaz de domeñar sus nervios de chispas. ¡Hablar del músico, del concertista, del ejecutante! Sobre que estas líneas no constituyen una biografía, sino una nota intima y familiar, me parece la cosa empresa inútil. ¿Quién no ha sentido los ojos llenos de lágrimas escuchando el violín de D. Jesús? ¿Quién no le ha oído extático, abrumado por su ejecución portentosa, que hace del instrumento lo que le viene engaña? Como Mozart, el niño todo corazón y sentimiento, era Monasterio conocido, de adolescente, en las principales cortes de Europa Aquella bohemia artística, en su sentido honrado de errabundez, se ha concluido; hoy, cubierto de gloria, descansa sobre sus laureles nuestro gran concertista, y sólo se deja oir en los cuartetos en su puesto de la capilla de Palacio y en su cátedra Monasterio conserva, como oro en paño, el primer violín que usó en su vida, regalo de su padre cuando él contaba poco más de cuatro años Aquel instrumento inolvidable fué el pedestal de su carrera y de su gloria El día en que don Jesús muera, y quiera Dios que sea tarde, irá á reunirse con el violín primitivo el en que hoy toca, símbolo de su fama ¡Quién pudiera oir lo que se digan en íntimo dúo, al encontrarse, los dos violines! JUAN LUIS LEÓN.