Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
FOTOGRAFÍAS INTIMAS DON JESÜS DE MONASTERIO UES señor, no recuerdo si la portera me ha dicho derecha ó izquierda ¡Ea! ¡Estamos en el segundo! ¿Dónde llamo? Pero ¡Si! A través de esa puerta se oye el sonido dulcísimo de un violin, tocado con una suprema maestría Y no es solo... Le acompañan un piano y un violonchelo ¡Cielo santo! ¡Justo! Sin duda se encuentra de ensayo Monasterio con sus dos compañeros de sesiones artísticas, Tragó y Mirecki No, pues yo no me pierdo el inesperado terceto gratis Y á pesar del sombrero de copa y de los guantes, me siento en un escalón, con las orejas en punta como los gatos alarmados, para no perder nota ¡Válgame Dios con el cuarto de trabajo de Monasterio! ¡Pero este insigne D. Jesús quiere quedarse ciego, y va á salirse con la suya! Su despacho tiene un solo balcón, que da al patio, no más grande que un pañuelo, y apenas si baña la estancia una luz mortecina y cansada, que no parece sino que atraviesa por un raspado cristal Y como reflejar, refleja muy bien el cuarto el carácter de su dueño Mesa- escritorio de madera torneada mate Sobre los cajoncillos algunos objetos, entre los que se ve como una reliquia santa El gran violinista es hombre piadoso, cristiano viejo El piano, pero un piano de artista, con señales de usarse mucho, no de los que se ponen en guisa de adorno delante de un muro Dos armarios con libros Las pastas de piel, arcaicas y severas, con letras doradas en los lomos, verdes ó rojos, revelan la índole de los volúmenes Tomos graves, de historia y religión U n atril con una partitura Dos aguas fuertes: los retratos de dos colosos: Wagner y Eslava Perfectamente; pero la máquina fotográfica no puede funcionar en tal penumbra A la sala... ¡Magnífico! ¡Habitación amplia, colgaduras espléndidas, alfombra de tonos intensos, muebles dorados, araña brillante, luz, mucha luz! ¡Monasterio toma su violin, se lo coloca bajo el brazo y se sitúa de modo conveniente! ¡Ah, qué lástima! Afeitado el bigote y vistiendo, en vez del vulgar chaquet y pantalón contemporáneos, la chupa y la casaca, en aquella estancia alhajada según el gusto