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198 Aquí no quieren sacramentos de la Iglesia; allí se ponen incapaces de sacramentos (Dicho sea en opinión de la gente afecta al Gobierno, porque yo ni quito ni pongo capitanías generales. El proyecto famoso de división territorial militar saldrá un día de estos en la Gaceta- -si no ha salido ya- -para que cese el ir y venir de comisiones y salgan de dudas las localidades perjudicadas, porque todo es preferible al actual estado de incertidumbre. -Nosotros venimos- -dice una comisión, no oficial- -para que V. E. se fije en los perjuicios que se nos irruegan. ¡Valiente verbo! -exclama el Ministro aparte. -Es un verbo y gracia- -añade el ayudante, también al parlo- -Pero bueno- -dice el Consejero, -si yo les quito á ustedes la Capitanía, ¿en qué estado quedará la ciudad? -En un estado menor. ¿Cómo menor? ¡Es claro! Como que el Estado Mayor se marcha con el jefe del cuerpo de ejército. Ha habido meetings de protesta, manifestaciones de protesta, comisiones de protesta, y en alguna población se han colgado de negro los balcones, en lo cual se nota el marcado carácter luterano que tiene este nuevo protestantismo. En medio de la amargura que habrá producido en el generalato la noticia de que van á quedar muchos de cuartel, es un consuelo para las autoridades militares ver cómo el pueblo se les une en la desgracia, confundiendo en un interés común el interés propio y el de las clases desheredadas ó desentorchadas. -No queremos- -dicen- -que se vaya la Intendencia, ni la Comisaría, ni la Comandancia de Ingenieros, ni las oficinas anejas á la Capitanía general. -Pero tendrán ustedes, en cambio, aumento de tropas en las guarniciones respectivas. -Eso no importa; lo que deseamos es el centro, la capitalidad; no queremos ser cola de león. -Justamente- -añade uno remachando el clavo, -ni de León, ni de Córdoba, ni de Vitoria. La verdad es que no se ha portado muy seriamente el ramo de Guerra. Primero dijo que el plan estaba perfectamente reflexionado y maduro. Vienen las comisiones con esa idea de la madurez, y aquí les dicen precisamente lo contrario. ¡Están verdes! Lo cual ya se comprende que es una informalidad. No sólo en el ramo, sino en los frutos. Se pusieron en el Real i o s Maestros cantores catre fúnebres vaticinios y lisonjeros augurios. Los wagneristas temían que el público no comprendiese la partitura Los antiwagneristas temían, por el contrario, que aplaudiesen los ignorantes para darse aires de suficiencia. Decían los primeros: ¡Oh! ¡Los Maestros cantores! ¡Magister dixit! Exclamaban los segundos: ¡Ah! iLos Maestros cantores Al maestro, cuchillada. Gustó la obra, y tuvieron los maestros alemanes mejor suerte que nuestros maestros de instrucción primaria. -Y eso que todos somos unos- -decía uno de éstos; -ellos con sus tábulaturce fueron maestros de canto; nosotros con nuestro ayuno somos también maestros c o canto, es decir, maestros de perñl. Luía ROYO VILLANOVA.