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DE VIVA VOZ Ya habían sospechado varios poliglotas, ganosos de nuevas lenguas que devorar, digámoslo así, que no era sólo el hombre quien hablaba, sino que disfrutaban de igual aptitud, respectivamente, otros animales menos altaneros que el titulado cEey de la Creación Y las más vehementes sospechas eran referentes al orangután. El mono antropoide, gorila y chimpancé nuestros respetables antecesores en la escala de los animales, según Darwin, hablan. Un sabio ingle s, Mr. Garner, lo ha revelado al mundo científico y al mundo vulgar. He oído clara y distintamente- -dice, al poco más ó menos- -silabas y palabras perfectamente articuladas y emitidas por los monos antropóides. N o aventuraré, hasta que adquiera más datos, la idea de que puedan sostener una conversación; pero tengo esperanza de lograr convencerme y convencer á los académicos de las lenguas de los diferentes países, de la verdad de mis prejuicios. Mr. Garner va á emprender una expedición á África, con el único fin de estudiar el asunto ó el idioma de los gorilas y de los chimpancés en el propio suelo donde radican las familias eminentes de tan desconocidos cuadrumanos. Datos posee Mr. Garner sobrados para deducir que los monos antropóides hablan, aunque en idioma diferente de los que usan los iiombres. lío es el francés- -opina el sabio, -ni el inglés, ni el ruso, ni el alemán, ni el italiano, ni el español, ni dialectos de los dichos idiomas. Uo sé si Mr. Garner conoce el caló. ¿Quién sabe si puede ser este el lenguaje de los monos? Los batos, los chorreles, la piltra, el buchi Observen ustedes que en estas palabras hay algo de primitivo, y, por consiguiente, de mono. Es el lenguaje de la edad de hueso, anterior á la de piedra y á la edad de barro. Mr. Garner va á tierra de monos para estudiar el idioma y procurarse un diccionario de aquella academia del ramo. En algunos de aquellos pueblos los gorilas y los chimpancés son ciudadanos, como sus descendientes inmediatos los negros. En otros lugares son esclavos de sus hijos. Algún Estado piensa ya en reemplazar á los hombres trabajadores con monos antropóides, reconociendo en éstos aptitudes extraordinarias para el trabajo, y calculando la economía de su manutención, comparada con la de los hombres. Un viajero ilustrado, no con monos, sino por el texto, relata escenas interesantes de gorilas y chimpancés por él presenciadas en África en expediciones anteriores. Cuando llegué, me asombraban las costumbres del país- -dice el viajero -y muy particularmente en cuanto se referían á los monos. Confieso que era injusto con ellos al no considerarles como iguales á los hombres. Me hospedé en el palacio del cacique, en un pueblo: me había recomendado á tan importante personaje un senador de la derecha, ó sea un lord de mi país. El cacique me recibió entre sus brazos y me besó en la boca. sDeclaro que me repugnó; me supo á sopas de ajo. Después me besaron todas las esposas y todos los hijos del señor, y todos los cortesanos, y toda la guarnición, y todo el vecindario. Quedé como si me hubieran barnizado. sPero mis ojos no daban crédito (que dice uu prestamista de esos de pronos-