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188 mira á los balcones de la casa de la otra esquina, donde vive la novia. Cuando ésta aparece en el mirador, el galán se desemboza graciosamente, se quita el sombrero y saluda cortés y elegantemente á la dama de sus pensamientos. Poco después se le acerca un criado y hablan los dos. El criado es el mensajero de la señorita; le lleva una carta y toma la que él le da, y vase para volver más tarde, y cuando ella sale en coche con la voluminosa madre, allí está mi hombre, que saluda bizarramente á la novia y á la mamá Uo, no es este novio de la madera de aquellos simples y medrosos del tiempo pasado. Este es un tuno que va á su negocio, un novio fin de siglo, inteligente, audaz, y hará su camino sin trabajar. II Los novios de aquel tiempo se enamoraban como unos tontos y se casaban como unos infelices. Ü T miSo raban si la novia tenia dote ó tios que heredar. Ellos trabajaban en su oficio ó en su carrera; vivían con suma economia, pasaban mil trabajos, sufrían cien mil contrariedades y se acortaban la vida y todo lo soportaban con heroica mansedumbre, complaciéndose, cuando ya la mujer había perdido todos sus atractivos, en recordar lo guapa que era cuando novia, lo modosita, lo tímida, lo inocente y angelical, y lo remonísima que estaba el día de la boda con su traje nuevo, su ramito de azahar en el pecho, etc. etc. triunfaban en toda la linea en aquel tiempo el amor y el desinterés. Pero este novio que pasea por mi calle de todo tiene menos desinterés, porque su proyecto es hacer fortuna por medio del matrimonio. La novia, á quien ha trastornado el poco juicio de que la dotó la Divina Providencia, es feíta como un coco; pero su padre es senador de los vitalicios, y presta dinero con usura por mano de un agente que, por tanto más cuanto, carga con el sambenito de usurero, mientras él pasa por uno de los prohombres más rectos y de más severas costumbres. Claro es que á los padres de la novia no les conviene para ésta un mocito sin oficio ni beneficio, y que no tiene una peseta, y que tienen por seguro que persona de mejor posición social querrá casarse con su hija; pero no dejará el arriscado joven que otro se lleve la ganga de una mujer rica, hija de padre que siempre está en candelero, mande quien mande. Él cuenta con la voluntad de la fea, y lo demás le importa poco. Un día la muchacha se pondrá de acuerdo con él, y ya buscarán la manera de obligar á los padres á que los deje casarse como Dios manda. Una vez dueño legitimo de la hija, de cuenta del padre corre la carrera del yerno. Él le hará diputado, él le hará alto funcionario, y todo esto no le habrá costado más trabajo que pasear la calle de la novia un par de meses, escribirla dos ó tres docenas de carias incendiarias, recibir otras tantas con poca ortografía, y dar un disgusto á la familia, exponiendo á la madre á una congestión cerebral Él habrá hecho su suerte, y se reirá grandemente de los que todavía se casan por amor y no se preocupaa de que tenga la novia otros encantos que los de la belleza y la virtud. III Cuando veas, ¡oh lector! en la esquina algúa individuo de buen porte contemplando los balcones de la casa de enfrente, has de tener por seguro que es el pretendiente de alguna hembra de circunstancias superiores, de posición y fortuna, y que no el amor, sino el propio interés de hacer carrera por medio del matrimonio, es lo qué le obliga á liacer el oso desde la calle, como lo hacían los novios de buena fe y verdaderamente enamorados en los pasados tiempos; aquellos novios beneméritos- que están hoy, los que viven, padeciendo reuma ó catarro crónico, ó mal de piedra, ó el terrible lumbago, ó reblandecimiento cerebral, ó alguna otra de las muchas enfermedades con que la próvida naturaleza obsequia á los mortales. CÁELOS FRONTAURA.