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EL NOVIO FIN DE SIGLO Creo yo que casi se ha perdido la raza de los novios de esquina, paseantes de la acera de enfrente, sobornadores de criadas y porteros, estorbo del transeúnte y diversión del vecindario desocupado. Las costumbres han variado notablemente. Los padres y los tíos han perdido aquella severidad legendaria; las muchachas han aprendido mucho, y no son ya aquellas candidas palomas, cuya inocencia las exponía, al menor descuido, á caer en las garras de un gavilán con carrik, oom prometiendo la tranquilida del hogar y el honor de la h milia. Asi, ya no se usan aquells exageradas precauciones i- que tomaban- los padres, á fin de evitar ue un galán entrara en la casa antes de saberse on certeza que era de fiar, que venia con buen in, y que se le podía llamar, sin riesgo de equivo; arse, una buena proporción. Ahora ya no existen os obstáculos tradicionales, y toda doncella tiene il novio que le da la gana, y á todo galán se le ranquea la casa y se le allana el camino del matrimonio. Y todo esto, y más, es preciso para que 3I galán se decida á casarse, no siendo la novia hija de ministro presente ó futuro, ó de capitalista inquebrable ó de capitán general de ejército Pero todavía existe algún ejemplar de novio de esquina, y en la calle donde yo vivo, sin ir más lejos, pueden ustedes ver uno. Yo me levanto á las ocho, y lo primero que hago es levantar el visillo para ver qué tal cariz presenta el día, y lo primero que veo es al joven de la esquina, con su capita bastante traída y su honguito de color de café. Me gasta el galán: tiene aire resuelto, é indudablemente no es de aquellos inocentones novios callejeros que florecieron en los tiempos en que llamaban al general Serrano el ministro bonito. El galán se pasea inquieto, fuma cigarrillos, y de cuando en cuando