Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LA CENA DE LOS SARGENTOS o, lo que es él no iba á la cena de los sargentos con las manos vacías Cada cual de ellos había prometido llevar algo para unirlo á la comilona que les daba el maestro de cornetas por la concesión de un segundo reenganche, y era punto de honra que ya que le admitían al banquete, á pesar de ser sólo un pobre músico de segunda, aportara al fondo común algún comestible, aunque no fuera más que una libra de longaniza Perfectamente; pero el infeliz bombardino no tenia un céntimo, y en aquel pueblo, como en todos los pueblos del mundo, no se vende nada que no se pague Sin embargo, se hacia preciso comprar vituallas, contribuir como cada quisque Rompiéndose la cabeza por hallar camino, se acordó del corral de su alojamiento Justo ¡Estaba salvado! Todos los días, por mañana y tarde, veía á su patrona volcar en la corraleriza de la casa un delantalón de hojas de lechuga, de garbanzos cocides, de desperdicios de comida, que se apresuraban á engullirse el pelotón de gallinas y conejillos que la buena mujer mantenía á sus expensas y que allá habitaban junto á la cua dra! No le quedaba otro recurso que atrapar uno de los animalitos retorcerle el pescuezo y cargar con él Era un robo; pero en campaña, como en campaña. Después de todo, se trataba de un pueblo enemigo, y no debía remorderle la conciencia portal acción La cosa presentaba, sin embargo, algún peligro El jefe de la brigada había dado órdenes severisinias, conminando con fusilar á quien se dedicara á vivir sobre el país; pero con maña y prudencia, no se sabría el autor del hurto, y como las tapias del corral alzaban poco, se atribuirla á cualquier merodeador del campo, sin que se le ocurriera á nadie sospechar del bombardino Quedaba por resolver de qué modo sacaría la presa de la casa sin ser notado, y cuándo la atraparía; lo primero que se le ocurrió fué echar de noche el guante al animal; pero en seguida desechó el proyecto los perros le sentirían, se alarmarían los bichos; en la soledad se oye el rumor más leve: mejor era de día. Sin embargo, la luz del sol ofrecía el formidable inconveniente de no saber dónde ocultar el robo, de suerte que pasara inadvertido; el uniforme no permitía trampas ¡De pronto! ¡SI, eso es! Aquella tarde de la comilona tocaba la banda en el paseo, como domingo El tenía que ir á incorporarse al resto de la música al abandonado convento donde se alojaba la plana mayor, y donde podría dar al maestro la pieza cazada en el corral para que la aliñasen de antemano y estuviera estofada á la hora del banquete ¡Digo! ¡Que no se iban á reir los compañeros con la ocurrencia! En algo habían de conocérselos veteranos, los soldados viejos Y lo que es si tarda un poco más en topar con el medio, se queda sin llevar nada á la comida Eran ya las doce de la mañana del domingo, y aun no tenia del todo concluido su plan, y á las tres habría de cargar con el instrumento. Al cabo quiso Dios que redondeara su intentona, y á la hora de marcharse entró en el corral, como solía hacer alguna vez, á fumar un pitillo al sol, sin que la patrona le pusiera obstáculo alguno, con su bombardino á cuestas, pretextando que era temprano y que aun podía presenciar el reparto