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Pf (f ñábiiA -r NOTA DE CUARESMA Ii Con su divino misterio, Que no alcanza á humanos ojos, Colgado está, como un nido, De la alta bóveda, el coro. Sobre columnas de piedra, Que abren sus arcos marmóreos Como palmeras sagradas Que alzó cincel prodigioso, Guarda en sus verjas tupidas, Cual á un amado tesoro, Las almas que é, Dios eleva Ese nido reMgioso. Cuando la Iglesia sublime Bn su lenguaje simbólico Dice al pecador que llora: Kres polvo y serás polvo Empiezan los dulces cantos De las monjas en el coro, Sanos cual mieses doradas, Puros cual ritmos eólicos. E l templo que antes dormía, Despierta de su reposo, Y de una vida extrahumana, Vida de un mundo remoto. Se aspira el hálito santo, Cual si el recinto medroso De un resurrexit divino ÍORO Sintiera el sagrado soplo. Entonces se oyen las voces Que en estrépito sonoro DespeSa de las alturas El ó rgano poderoso. Las monjas cruzan envueltas En sus sayos vaporosos. Tras de las verjas cerradas, Y oculto el místico rostro, Y de estrofas plañideras Entonan el verso eufónico, Que sabe á miel en sus labios, A miel de panal sabroso. Cuál es su vida? La sombra Bañódeáiiieve sus rostros, Que tomaTon. de los cirios Bl cadavéiicó tono. Sus ojos están morados Por el perpetuo sollozo, Y fulguran sus pupila i De dos lirios en el fondo. Sus cuerpos están ungidos De perfumes religiosos, Que trascienden á azucenas, A nardos y á sicómoro. Son las eternas amadas Que velan por el Esposo, Las que del pérfido mundo Dejan el bullicio loco, Y hacen del martirio halagO) Y cama del suelo bronco, Y del silencio armonías, Y de la cruz vivo foco. La grata labor se enreda Entre sus dedos piadosos, Que, mecánicos sublimes. Labran divinos adornos. Encristaladas cautivas Que adoran de Dios el trono, Son como abejas sagradas Que rezan dentro del coro. Yo escucho sus dulces salmos Sumido en místico arrobo, Y clavo en la verja obscura, Para admirarlas, loa ojos. Y cuando tiembla el crepúsculo E n los vidrios policromos, Y las lámparas se encienden Bajo los arcos grandiosos, De mi niñez bendecida Alzan recuerdos devotos Las aflautadas cadencias Que lanza, rugiendo, el órgano. SALVADOS B U E D A