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182 Pero si no fuera por esta salsa, resultarían demasiado sosos los caracoles del sufragio. Al freír de las actas será el reír. Ya puede preparar la Comisióa parlamentaria todo un lavadero para las actas sucias, un ojo de boticario paraias actas graves, y muchos paños calientes para las actas leves y dudosas. -Señores- -dirá defendiéndose el diputado electo- -la bandera del partido se lia sostenido enhiesta pese á quien pese; la bandera fusionista no se abate; la bandera nuestra, Jamás vencida- -Bueno, sí- -responderá el contrario; -pero el acta de Su Señoría no puede ser más sucia. -j o quita lo uno para lo otro- -añadirá el Presidente- -porque el señor, al defenderse, no ha hecho más que sacar una lista de la- vandera. Se emplearán toda clase de argumentos y toda suerte de armas. Se dirá que ha habido electores muertos al ir á votar, y muertos que han resucitado para la votación; que el milagro de los panes y los peces se ha repetido en infinidad de distritos donde no había más que diez votantes y han emitido cuatro mil votos; que el sufragio universal se ha adulterado, y, por consiguiente, el Gobierno en masa debe ser procesado por adulterio. -Esto es inicuo, escandaloso- -grita el candidato derrotado; -en mi distrito se han vendido los votos descaradamente á diez reales uno con otro, y ¿sabéis por qué? ¿sabéis por qué se han vendido por medio duro á mi contrario? -Sí, señor- -exclama un elector ingenuo; -porque usté no ofrecía más que dos pesetas. No sabemos en qué parará lo de Marina. Mientras los ciudadanos del interior comemos y dormimos lo mismo que antes, reina efervescencia en el litoral, y las gentes medrosas, fijas en la potencia de los cañones y no en las virtudes cívicas de nuestros marinos, sienten ya los fragores del bombardeo y los toques del zafarrancho de combate. ¿Qué es eso de tocar á Marina? -hay quien dice; ¿ignoramos que Harina, aparte de otras razones, es una joya de nuestra zarzuela nacional? Pues convengamos en que antes de tocar á Marina deben tocar, si preciso fuera, Los Diamantes de la corona. Vacante está ó va á estar la cartera, que es como si el guante estuviera echado. ¿Quién será el guapo qué lo recoja? Difícil es, por lo que parece, encontrar persona técnica que acepte el cargo, y hay también dificultades para encargar de los barcos á un hombre civil. ¿Será preciso encargar de la cartera á un eclesiástico? Eso sería, no sólo una transacción y una garantía de paz y concordia, sino una solución muy adecuada, vista la índole de las cosas. ¿Qué hay que mirar en materias navales? ¿Las naves? ¿los cruceros? ¿las velas? Pues todo ello pertenece á la Iglesia como á la Marina. Encargúense los curas, y no haya miedo de que resulte perjuicio para nadie, Al contrario; se aumentará, como es lógico, el número de beneficiados. Lras ROYO VILLANOVA.