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N O T A DE C O L O R n LA FAENA DE NARANJAS Mercedes, la trinitaria, atraviesa todas las inañaDas el puente de Guadalmedina, á eso de las siete, y se dirige á la faena de limón y de naranja, II ida en la calle de Peligros, recogiendo antes de llegar, en las 11 y nerviosas ventanas de su nariz, el olor intenso del fruto. Como faenera quiere decir tanto como gracia, chiste y lances amorosos, todo en una pieza, Mercedes, que en cosas semejantes va pensando, aprieta y repiquetea el paso, con estremecimiento de la flor qne lleva en el rodete, para antes de que lleguen las demás compañeras y se crea justo comenzarla tarea, poder echar su ratico con el que á la presente le da palique y cantaleta, el cual es ni más ni menos que el dependiente mayor de una c a s a d o comercio sita en la misma calle, y que, aunque se nombra dependiente mayor, es en verdad el más chico de cuerpo de todos los compañeros de oficina; tanto, que su estatura hace resaltar bastante la pluma que suele ponerse tras la oreja cuando anda de acá para allá dentro de la casa ó medita algún asunto sobre la carpeta. ¡Y poc que se relame Mercedes cuando por las ventanas bajas de la casa, cerca de las cuales se hacen las faenas de naranja, lo ve atravesar con aire de persona importante desde su despacho al del jefe, y de éste al de la Caja, llevando siempre un haz de papeles en la mano, y con aquella agilidad y soltura del que bien conoce su oficio y se desliza sin tropezar en obstáculo alguno! Don Manuel- -así se llama el preferido de Mercedes- -es pequeñitode cuerpo, sonrosado de color, de bigote negro donde apunta alguna cana, de edad de cuarenta años, y de una tra: -za tan de niño gracioso y regordete, que Mercedes en lo primero que piensa cuando le ve, es en cogerlo de la mano y ponerse á jugar con él á la comba. Nerviosillo, apuesto y diligente, con algo de abdomen, que acentúa más aun su figurilla graciosa, y mucha charranería para mirar con arte las cosas relativas al amor, D. Manuel le tiene sorbido el seso, como se dice, á la alegre faenera, que para no desmerecer ea nada de las circunstancias del novio, es alta sin exceso, rubia, aunque llena de pasión, de ojos azules que contrastan de manera bellísima con el color de las naranjas, de muñecas y brazos cenceños, y de ma. pulcritud en el andar y en el vestir, que no parece sino que trata de vencer en el aseo y elegancia á los propios racimos de limones que ella viste de papeles de seda con maestría. A todo esto, con tanto aparente esplritualismo en su persona, la muchacha arroja la gracia á chorros por la boca, como arroja hecha trizas y rizos el agua el caño de la fuente, y su lenguaje es tan pintoresco, que aquel á quien le cae un mote de sus labios, se le queda pegado como lapa, según lo ajustado, propio y expresivo que sabe buscarlo aquella especie de pincel de su lengua. Cuando Incieado tan gentil donaire, D. Manuel atraviesa la calle, y ve á la muchacha con las pirámides de odorantes naranjas retratadas en los ojos, y el trozo de puerto lleno de buques que se descubre en fel fondo de la calle, metido como un mar diminuto en las pupilas, siente que por todo su ser corre una vertiginosa sensación, que parece desencajarle los huesos, y le acorrala la sangre á la cabeza, como si tuviese colocada una bomba encargada de subirséla al cerebro. Bajo un asta de bandera enclavada en uno de los balcones de la calle, a l a puerta de una eran tienda de comercio, se halla establecido el tenderete de cajas y de frutos, unas y otrosOiolocados en enormes iiias, y en derredor del vistoso conjunto muévese la gárrula nube de faeneras, cuyos rostros encienden las arreboladas ráfagas del sol, que