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150 El interfecto era un militar de altísima graduación j elevadisima posición social. De su conducta privada no se cuentan las mejores cosas, por lo que no extrañan las gentes su trágico y prematuro fin. Á pesar de las muchas heridas que le desfiguraban, el cadáver ha podido ser identificado, gracias á la comprobación de una seña particular del difunto: el ruido de sus choquezuelas al andar. El juez ha podido escuchar este ruido doblando repetidas veces las rodillas del muerto, operación difícil en extremo por el estado de rigidez á que había llegado el cadáver. El asesino es hermano de su victima, militar también, y bastardo de nacimiento, vicio de origen al cual se atribuyen sus malas inclinaciones. Atribuyese el crimen, no sólo á la venganza personal, sino á la ambición política del delincuente, que quería á toda costa ocupar el alto cargo que la víctima deja vacante No puedo ser más explícito, porque se trata de esferas tan altas é inviolables, y es de tan alta trascendencia la provisión de ese destino, vacante por defunción, que cualquier detalle adelantado al público sería grave indiscreción y ligereza en estos instantes. Día llegará en que pueda satisfacer por completo la natural curiosidad de los lectores. El tercer personaje de este sangriento drama es el cómplice, militar como la víctima y el asesino, francés de nación j primer jefe de una legión extranjera. El crimen se cometió en una tienda de campaña, adonde, según parece, acudió engañada la víctima. Una vez dentro, debió entablarse entre los dos hermanos una lucha larga y horrible, cuyo resultado quizá hubiera sido favorable para el forastero, si el francés de que se habla no hubiera acudido en socorro del bastardo, poniéndole encima de su contrincante mientras pronunciaba entre blasfemias la siguiente frase, que consta en el sumario: -Ni quito ni pongo (aquí un sustantivo que no puedo revelar por razón de Estado) pero ayudo á mi señor. En la comisión del delito concurren circunstancias que traen intrigados, tanto al juez instructor (nombrado especial para esta causa) como al secretario y á los escribientes del Juzgado. El interfecto y los presuntos reos iban vestidos de sobrevesta, cota de malla, casco y zapatos de hierro con largos acicates. Ignórase, pues, dada la alcurnia de estos personajes, si éstos venían de alguna aristocrática mascarada, ó acababan de representar algún drama histórico que terminó, por desgracia, en tragedia real. En el lugar del suceso había grandes manchas de sangre azul. También es raro que tan elevadas personas tuvieran cada cual su alias correspondiente, pues á la víctima le decían el Cruel, al matador el Bastardo y al cómplice el Glaquín. Con las debidas reservas he de añadir que se teme quede sin castigo tan horrible y complejo crimen, pues el presunto autor, magnánimo y liberal en extremo, trata de sobornar con cuantiosas dádivas á cuantos intervienen en el esclarecimiento del hecho, hasta el punto de que toda Castilla conoce al matador con el sobrenombre de el de las mercedes. Prometo tener al lector al tanto de lo que ocurra, para lo cual espero examinar con detención los autos y la Historia de España de Lafuente. LUIS ROYO VILLANOVA.