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o q REVISTA ÍLUSTRADAT Año III Madrid, 4 de M a r z o d e 189 N ú m 96 Á OCHO DÍAS VISTA El perfecto cronista. ¡Ya tengo un crimen! -El fratricidio de iUontiel. -Sus circunstancias y tal. Identificación del cadáver. -Las rodillas de la víctima. -El asesino. Non ragionar di lor. -Un cómplice francés. La tienda de campaña. -Luctia horrible. ¿De dónde son aquellos trajes? -Manchas de sangre azul. Alias de los personajes. -Temores de última hora. -Mi promesa. A viva ansiedad con que acoge el público todos los peliagudos detalles del crimen de que ha sido victima el niño del Escorial, el creciente interés despertado por los reos de Mondoñedo, y otros signos reveladores del sport criminológico á que se entrega la respetable cuanto numerosa clase de los lectores, me han hecho comprender que es imposible resultar un perfecto cronista sin ser, cuando menos, un regular escribano de actuaciones. Mientras busco la manera de pescar una escribanía (en el sentido judicial, no en el signiñcado pláterino de la palabra) y veo el modo dé trocar las cuartillas por el papel de oficio, he de ofrecer á la voracidad del público las primicias sangrientas de un crimen, descubierto gracias á la policía literaria y periodística, mil veces más diligente que la policía judicial. Albricias! Yaieugoun crimenl es decir, ya no me quedo atrás, en la actual marcha de las plumas y de las prensas; ya visto el traje á la moda; j- a puedo ofrecer el manjar obligado al monstruo de las cien cabezas y de los mil perros chicos. ¿Para qué estamos los periodistas? Para servir á los morenos, para dar gusto á los señores. Si mañana se les antoja pedir la luna, tengan la seguridad de que la prensa, unida como un solo hombre, les pondrá, en punto á información, en los propios cuernos de la luna, previamente embolados por lo que pudiera ocurrir. Pero adelantemos los sucesos. Según telegrafían de la Mancha, un hon endo crimen se ha perpetrado en los campos de Montiel. La elevada alcurnia de los personajes que han actuado en el espantoso drama; el hecho de ser éste no sólo un horrible fratricidio, sino una gravísima conspiración política; la rareza de los trajes que vestían, tanto el muerto como el asesino y su cómplice, y otra infinidad de circunstancias que concurren en el hecho de autos, darán materia para muchas columnas, asunto para innumerables novelas y pasto á la pública curiosidad durante siglos de los siglos.