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REFORMAS Y ECONOMÍAS E l bueno de don Matías Está empleado en Hacienda, Y asegura mucha gente Que en cuestión de economías No hay uno que más entienda Ni hay otro más competente. Y el bueno de don Marcial, Hombre de muy buenas formas, Que está empleado en Fomento, Croza fama universal De ser, pensando reformas, Incomparable portento. La misma levita puede Dar la tela que hace falta, Quitándole los faldones. ¿Lós faldones? Pese á ti! Tu ingenio desacredita Esa locura completa ¿Pues no comprendes que asi Nos quedamos sin levita, Pues se convierte en chaqueta? -Eso es verdad; ¡y qué hacer? Algo hay que sacrificar Para obtener otras gangas. -Pues así- tiene que ser, La tela se ha de sacar Quitándole las dos mangas. Por franca amistad unidos, Hace mucho tiempo ya Que viven juntos los dos. Con su suerte complacidos. E n un tercero de la Calle d, e Válgame Dios. Don Marcial de bromas gusta, Mas don Matías, adusto, ÍTo es amigo de alegrías, Y aunque su contraste asusta. Nunca han tenido un disgusto Don Marcial y don Matías. Son caracteres opuestos, Y no obstante, de tal modo E n buena armonía están. Que, á complacerse dispuestos. Se han de consultar en todo Y siempre de acuerdo van. Viviendo asi año tras año. Aunque con poca fortuna En paz y en gracia de Dios, Nadie ha de juzgar extraño Que sólo tuvieran una Levita para los dos. Pero un día, don Marcial, Notando una falta, grita, Y halla en don Matías eco: -Está mal, pero muy mal, El que tengamos levita Y no tengamos chaleco. Don Marcial luego agregó: -Una reforma hay que hacer Indispensable, á fe mía. Don Matías asintió Diciendo: -Mas sin perder De vista la economía, -Pues por eso que no quede. Y pues á la vista salta Que tenemos mil razones, Hallando abierta la puerta. Escuchó que disputaban, Y el chicuelo se quedó Con tanta bocaza abierta. Y oyendo el caso en cuestión. Que, ya en tono de reñir. Uno de ellos repetía. Haciendo un gesto burlón. El chico se echó á reir y dijo: ¡Que tontería! Comentario tan cruel E n boca de una criatura, Causó en los dos impresión; Y uno, fijándose en él, Le dijo: -Y tú, jpor ventura Nos darás la solución? -Claro que la puedo dar, Aúnqúelotoíuen á risa. Que á mí no me sobresalta. íÁ qué van á estropear Una prenda que es precisa Por otra que no hace falta? ¿Ni á qué armar u n caramillo? Hasta que se tenga guita Para tapar ese hueco E l remedio es muy sencillo Se abotona la levita Y se suprime el chaleco. -Harás que de risa estalle, Que solamente á la risa Esa locura se presta Y ¿quién saldría á la calle. Yendo en mangas de camisa Con una levita puesta? -Pues, francamente, confieso Que á mi nada se me ocurre, y que ya me vuelvo loco. -También me sucede eso, Que aunque mi mente discurre. No doy en ello tampoco. ¿Y eres tú de quien el mundo El reformador talento Pondera todos los días? -i Y eres tú el genio profundo Que pasas por un portento En cuestión de economías? Bn esta disputa estaban Cuando un chicuelo se e n W Absortos y confundidos Los dos bajaron la vista, Se fué el chicuelo ingenioso, Y quedáronse corridos El famoso economista Y el reformador famoso. Y hoy, si reformas pretenden Ó tratan de economías. Entrambos cierran el pico, y como en todo se entienden Don Marcial y don Matías... Se van á buscar al chico. FELIPE P E E E Z GONZÁLEZ,