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OTRA EXPOSICIÓN HISTÓRICA (AL EMINENTE AÜTOE DKAMATICJO D. JOSÉ ECEEGAKAY) I Mi vecino D. Cástulo Eemusguillo está loco de remate. Sin duda no tiene debajo de la tapa de los sesos cierta cantidad de masa encefálica, como la generaliAad de los mortales, sino algo así como medio kilo de compota de ciruelas echada á perder. Menos mal que nuestro hombre no necesita ganarse la vida. Se la dejaron ganada con envidiable anticipación nn tío canónigo, que murió en Filipinas de resultas de un zaratán, y otro tío fabricante de ataúdes y microscopios que sucumbió en Jaén, mimado por la fortuna y por una prima carnal muy zala mera. Jis el caso que el buen D. Cástulo, duefio de un soberbio capital, y sin saber en qué distraer sus ocios, comenzó, hará dos meses, á visitar con gran aiiduidad las Hxpoúoiones hisiórwas, cobrando tal afición á las curiosidades arqueológicas, que no se contentaba con admirarlas doquiera estuviesen, sino que resolvió invertir sus reatas en la adquisición de objetos de valor histórico é instalarlos en su espaciosa vivienda para que los amigos pudiéramos contemplarlos. Vino á remachar el clavo de su chifladura el magnifico drama titulado Mariana, En el Dan Cástulo de la obra se veía retratado nuestro vecino; en él encontraba otro arqueólogo justificadaiuente fanático; y aunque le maravillaseu los primores de la ejecución por parte de la sin par Mar ría Guerrero, deseaba ver siempre en escena al famoso anticuario, taa bien representado por mi amigo Balaguer, y aun á punto estuvo de dirigirle la palabra desde su luneta en más de una ocasión. Hasta aquí no verán ustedes nada de particular; un señor falto de seso, con el propósito de formar un museo de antigüedades, y nada más. Pero D. Cástulo tiene una sobrina á quien estima mucho no obstante ser de construcción moderna; á esta sobrina le ha salido un novio muy pillo, y ambos jóvenes, conociendo el flaco del tío, le explotan de la manera más cruel que pueda imaginarse. No hay día en que el sobrino futuro no proporcione al seSor de Eemusguillo algún objeto raro para su incipiente museo. IY cómo le, hacen pagar estas adquisiciones I ¡Qué modo de engañar al infeliz I II Días pasados recibí una tarjeta verde, que decía: MUSEO REIUUSGUILLO CAXDIL, 8, TERCERO Tarjeta de entrada áfavor de B. Vale para cualquier día, excepto losfestívos ylos laborables. Acudí lleno de curiosidad, y no me arrepiento de ello. En la puerta d é l a escalera recogían las invitacionies la portera y una paisana suya, vistiendo caprichosas libreas, y el dueño del museo se desvivía por enseñárselo todo á los visitantes. -Aquí tiene usted- -me dijo, señalando una mano de bronce sujeta á la pared- -el aldabón de un portal célebre: del portal de Belén. Quinientos duros me costó y esuna verdadera ganga!