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142 regrinando por detrás de los cartones, encuéntranse cosas curiosísimas: aquí una estantería con salomónicas columnas de madera, hecha por el mismo Domínguez á ratos perdidos y con trozos de camas portuguesas; allí un armario con trajes para vestir el modelo; allá un vetusto arcón del siglo XV P o r el suelo se ven papeles, trapos, puntas de cigarro, cerillas sin cabeza; ios muebles tienen polvo La esposa de D Manuel se desespera; ¡inútil anhelo! Mientras éste trae entre manos una obra de importancia, las puertas del templo permanecen cerradas para la vil escoba Llegue lo barrible donde guste- -dice Domínguez, que es muy gráfico en su lenguaje, -pero el color se lo sorbe todo, y el cuadro debe salii de frac El insigne Domínguez no usa gran cosa el estudio grande, salvo cuando prepara algún cartón. Para trabajar de ordinario ha sabido arreglarse un chisconcillo, una especie de terraza pequeña, orientada al Mediodía y bañada, desde su salida hasta su puesta, por el sol; su tamaño será el de un pañuelo; un toldo, al que se toca casi con la cabeza, defiende el lugar de aquella ofuscante lluvia de luz, sometiéndolo por tal motivo á una tan alta temperatura, que entrar en el hirviente rincón equivale á penetrar en el propio astro rey. ¡Y todavía hay en la exigua estancia una chouberskyl Allí ha llevado D. Manuel una mesa, que se derrumba al peso de un millar de cachivaches, un caballete, un frailero, y allí se le encuentran los amigos en las tardes invernales, con su figura coronada por la imprescindible boina azul, que resulta arrancada del cuadro de Cutanda: Una huelga en Bilbao i Y que no se debe pintar bien en aquel cuartito, más radiante y alegre que un sombrajo de Sevilla! Don Manuel Domínguez tiene su historia escrita en los techos de nuestros monumentos contemporáneos, en los muros de nuestros modernos palacios Quien haya visto el suntuoso hotel de Murga y el magnífico templo de San Francisco el Grande, conoce dos de las más gloriosas páginas del gran pintor Su constancia en el cultivo de tal género, á la vez que su talento poderoso para desarrollarlo, le han dado provecho y honra, y hoy es rico y célebre; como premio á su voluntad y á su entendimiento, ha logrado, al cabo de los años, una fortuna y una reputación europea, y vive tranquilo, descansando sobre sus laureles, en plena famiha, hundido en su trabajo y un tanto apartado de los círculos de su profesión Mi insigne amigo es hombre de carácter abierto y franco; no A P U í r r E IXEDITO. hay más que hablar con él una vez para comprender que vive satisfecho Reza un antiguo cuento chino, compuesto acaso por algún Schopenhauer primitivo de oblicuas cejas, que la única manera de alcanzar la felicidad en este mundo es ponerse la camisa de un hombre feliz; añadiendo la leyenda que, persiguiendo un emperador desgraciado la ventura, el solo ser dichoso que encontró en sus estados era un pobre que no poseía la mencionada prenda interior. Y como no es de sospechar que I) Manuel Domínguez no tenga por lo menos su docenita muy planchadas en el armario de luna, el mejor día recibe de cualquiera de sus amigos dos letras pidiéndole prestada, por el amor de Dios, aunque no sea más que la camisa de dormir JUAN LUIS LEÓN.