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FOTOGRAFÍAS ÍNTIMAS DON MANUEL DOMÍNGUEZ o le falta á su morada sino descubrirse desde el balcón la gigantesca cúpula del Vaticano, obedeciendo así á esa nostalgia de la Ciudad Eterna que constituye el sueño de oro de nuestros pintores Fuera de tales vistas, ha realizado el ilustre Domínguez, en absoluto, lo que hasta la presente parecía reservado por privilegio de la suerte tan sólo á los más distinguidos primistas de subastas ó maestros de obras, y enteramente vedado á los artistas de por acá: poseer una casa; cuando mi simpático D. Manuel llene el padrón municipal, escribirá en la casilla oportuna: Propietario E n París ha vivido mucho tiempo; los grandes pinceles parisienses le llaman su amigo En honra y buen nombre del gremio no debe prescindir nunca el gran fresquista de las señas en sus tarjetas, para que al dejarlas en los espléndidos ateliers de la capital del Sena puedan leer sus dueños en español Ayala, 14, hotel El domicilio de D Manuel Domínguez es atrayente y simpático desde la entrada A u n o y otro lado del portal descúbrense en los muros dos briosas manchas de color, al fresco, que subyugan la pupila y detienen un momento el paso Se salva la cancela de cristales, y en el vestíbulo surge una estatua... El visitante es introducido en una salita, y allí, cubierta por una funda, encuéntrase con una respetable mesa de billar Adivínase por todas partes el vuelo de un pensamiento sibarita, al qué no se ha escapado ni el más mínimo detalle de buen gusto El comedor sencillo, elegante, sin lujo En el piso de arriba las habitaciones particulares Es una vivienda en la que su dueño ha ido dando forma á cada uno de sus caprichos, concebidos quizás en los días de prueba, en que aun no había llegado al pináculo y subía la ruda cuesta que conduce á la fama, cargado con sus pinceles Pasemos al estudio Es un amplísimo salón con una ventana enorme en un costado, y á propósito, por sus dimensiones, para el género á que el ilustre artista se consagra La estancia tiene de ordinario algo de caos Por medio se distinguen los caballetes y asientos movibles de los discípulos de Domínguez; para atravesar la pieza hay que sortear los bastidores, con riesgo de derribar alguno Dos lienzos